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Depresión. Morir en vida y en silencio



Sufre el que se va. Sufre el que se queda. Ambos se quedan solos. Cada uno con problemas distintos. No tener papeles de residencia, incertidumbre, desempleo, desadaptación cultural, idioma de un lado, alejamiento físico de la pareja, padres, hijos y amigos. Delincuencia, régimen dictatorial, desprecio a los derechos civiles, ausencia de alternativas concretas o serias para extirpar el chavismo, escasez de alimentos y medicinas por el otro.
En líneas generales la salud mental de venezolano se encuentra fuertemente afectada. Pueden refutar diciendo que somos chéveres, que nos reimos de todo, que el chalequeo nos hizo más fuerte o cualquier otra creencia popular. La verdad es que la depresión, como enfermedad mental, se ha convertido en un fenómeno colectivo que merece ser observado con cuidado.

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Los índices de suicidio han aumentado mucho en los últimos 10 años, sin que, por supuesto, existan cifras oficiales sobre esto, al igual que con cualquier otra enfermedad física o mental. Ansiedad, frustración, hambre, humillaciones, padecer enfermedades cuyos tratamientos son impagables o no poder acceder a las medicinas y tratamientos. Muchas cosas pueden disparar depresiones. En algunos casos irreversibles por no poder contar con una asistencia adecuada. 
Muchos no quieren decir que sufren. Nadie quiere sentirse como un débil y ser una carga. Para otros, el hecho de dar lástima o sentir compasión de terceros es una afrenta al honor y al orgullo. Así que todo se traga con estoicismo inútil. Pero solo logramos que ese puñal se hunda cada vez más y en silencio. Nos arrebata la alegría, la pasión, el amor propio, y en algunos lamentables casos, hasta la vida.

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A veces te frustra no cumplir con ciertas expectativas, tanto propias como de terceros. Vamos, no somos perfectos. Todos fallamos cualquier día, incluso por rachas largas. Esto nos lleva a la culpa y a veces terminamos ocultando cosas a las personas que amamos. Eso es dañino. Vive para ti. Quien te quiere, lo va a seguir haciendo consigas lo que consigas. Es difícil vivir sin expectativas. Pero lo más sano es dar lo mejor de nosotros y contar solamente con lo que tenemos a mano. El futuro es siempre incierto y solo es real lo tangible. No lo que esperas en tu mente.
Vivir de una mentira o una falsa apariencia solo hará que el dolor interno se haga más grande y terminarás lastimando a quienes más te importan.
Quedamos desnudos y con frío ante nuestras verdades. Pero nos arropa el cálido manto de la libertad y la paz interna. 
Muchas depresiones se ocultan tras sonrisas, bailes, euforia, lujuria, devoción y fanatismo. Luego vemos vidas que consideramos ejemplares acabarse como la reciente de Alejandro Cañizales o Robin Williams.

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Hay llantos que no puedes controlar y otras emociones como la ira. Respondes mal, agredes física o verbalmente. Pierdes el manejo de las situaciones con facilidad. 
Cuidado con los pensamientos suicidas. Es cuando se te pone la mente en negro, como una tormenta y comienzas a pensar que el mundo es indiferente sin tu presencia. Pueden ser pensamientos recurrentes con abismos, fantasías sobre como es la muerte o formas de morir. No son tonterías. Hablalo. 
Hay personas que se alejarán de ti mientras vives esto. Ya sea porque los heriste en el proceso o porque no quieren estar cerca, ya sea por lástima, rechazo, aburrimiento o lo que sea. No te aisles. Siempre habrá alguien más que está dispuesto a ayudarte. ¡Habla!
También caemos en la trampa de culpar a los demás por como nos sentimos. Nuestras emociones nos pertenecen. Solo nosotros podemos generar la reacción ante el abandono, la agresión y el rechazo. Y solo nosotros podemos decidir si somos fuertes ante eso y dar una respuesta adecuada, sin caer en la sumisión, la pasividad ni en la violencia. El equilibrio es la clave. Y el perdón te hace mejor a ti que al que te hiere.
Hay miles de cosas que no puedes solucionar. No está en tus manos. Hay que dejar ir personas, situaciones, trabajos. Ellos ya tienen otro ciclo y tu quedaste pegado lastimándote. Fluye para poder crecer. No es fácil pero es lo que hay que hacer.
Hablarlo con las personas correctas puede sentirse como una herida que limpias. Duele. Arde. Quieres parar. Pero es lo único que puede ayudarte a salir. Es complicado porque en muchos casos las personas se vuelven adictos al dolor. Somos seres de costumbres. Y podemos acostumbrarnos a estar en el lado más oscuro de nuestros pensamientos.
No creas que en la depresión solo verás lágrimas. Hay  gente que no las suelta nunca pero hace sus descargas en fiestas, vicios destructivos como el juego, promiscuidad, falsos amoríos, dinero o trabajo en exceso. La necesidad de escapar se les hace urgente y por eso crean una vida que sirva de tapadera.

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Busca ayuda profesional. En muchas ciudades hay servicios de psicología gratuitos. Si no los hay en tu ciudad, acude a un buen amigos, tus padres, alguien a quien respetes. Si te sientes mejor hablando con un sacerdote o pastor, pues adelante. 
Déjate ayudar. La depresión es una enfermedad de la que es poco probable salir solo. No puedes curarte con alcohol, amistades superficiales, dinero, trabajo, mujeres, cigarros, la religión, música, la búsqueda de un mesías en la tierra o drogas. Es como cuando tienes gripe. No se va a curar por sí sola y con un té caliente. Puede hacerte mucho daño. Así como hay gente que logra recuperarse solos, la mayoría no lo logra, y al igual que la gripe, por muy leve que parezca, puede llevar a quien la padece a la muerte.
En terapia tendrás la oportunidad de soltar lo que nunca has expresado sin temor a ser juzgado. Al principio da miedo y es normal. Harás resistencia y es normal. Vas a descubrir cosas que te gustan y otras que no. Y es normal. También es posible que te receten algún medicamento para ayudarte en el proceso de sanación y es normal. No eres un loco o un alma perdida. Eres un ser humano buscando una salida. Como todos. Es normal.
Puedes contar tu experiencia con la depresión en público. O puedes guardartela. Habrá gente que te pateará al verte caído y algunos jurarán que así también ayudan. Busca apoyo solo en quienes te apoyan. Y que, irónicamente, casi nunca exigen nada de ti. Te quieren en la caída y cuando estás en la cima. Ellos son los que aman tu esencia y no lo que tienes.
Aplica tu rutina básica. Sé que no querrás ir a trabajar, bañarte o recoger tu ropa del piso. Pero mantenlo como un ritual. Bañate. Mantén ordenadas tu cosas, así sea a tu loca manera. Vístete y sal. Parecerá una tontería, pero una habitación en orden y limpia, refleja una mente ordenada y limpia.
Abre la oportunidad a personas nuevas en tu vida. 
Aprende algo nuevo, un oficio, una lección en libros, películas o canciones.
Atrévete a hacer algo que te gustaría. 
Una vida abierta es una vida que crece.
Eres un ser humano que no logrará todo lo que se proponga. El universo no conspira a favor nuestro. Acéptalo. Pero cuando ganes, celebra. Aunque sea una victoria pequeña, refuerza tu triunfo con un premio. Así sea una cerveza, un cigarro, un chocolate, lo que te parezca mejor. No prestes atención a quienes creen que es pecado darse un gusto y publicarlo en redes sociales. Esos solo quieren una excusa para juzgar, dividir y odiar. Son tus logros y te pertenecen.
Pero sobre todo, vive.



Estrellas del deporte en depresión


Son famosos, con mas dinero del que pueden gastar en una vida, han logrado superar obstáculos y barreras en cuanto a rendimiento físico que a la mayoría de los mortales se les hace imposibles. Entonces ¿Por qué se deprimen las estrellas del deporte profesional?
La mayoría de la veces, la procesión va por dentro. Solo la persona que las vive tiene idea de la magnitud de lo que lo abruma. Es imposible estar completamente en los zapatos de una persona y mas si nos cerramos en el creer que lo tiene todo y no debería estar así. Sin embargo, los problemas de pareja, familiares o personales no son solucionados por contratos de patrocinio o con Copas mundiales. Los atletas son tan humanos como nosotros, con sus fortalezas y defectos.
Está comprobado que la práctica del deporte puede ayudar a prevenir la depresión. Pero cuando el deporte es mas que un hobby y se convierte en un trabajo, las presiones, frustraciones y demás emociones que se viven debido a eso, no lo hace diferente de cualquier otra profesión.
Los deportistas profesionales se trazan metas, están sobreexpuestos a los medios, incluso sus vidas privadas, el estrés es provocado desde adentro con las altas expectativas que tienen sobre si mismos, el vencer todos los desafíos, el ganar en todas las competencias y reforzado por los mensajes exigentes que reciben de su entorno.
Uno de los casos recientes mas emblemáticos del pasado reciente es el del arquero que se perfilaba para ser el titular de Alemania en el Mundial de Sudáfrica 2010 Robert Enke que se suicidó lanzándose a las vías de un tren. Enke tenía 6 años con depresión diagnosticada. Pero su tratamiento era constantemente interrumpido debido a que sentía temor a que se filtrara la información a los diarios o dirigentes y perjudicara su carrera.
El receptor de los Broncos de Denver en la NFL sufría de depresión desde su lesión en una rodilla y afirmaba constantemente que no podía vivir sin el football. Aunque fuentes oficiales negaron el suicidio en 2010, se encontraron marihuana, antinflamatorios y antidepresivos en su residencia.
Otro caso célebre es el de Diego Armando Maradona, un privilegiado futbolista que ahogaba sus temores e inseguridades en alcohol, drogas y comida, siendo varias veces recluido en rehabilitación.
Es muy típico que los que sufran de depresión lo admitan o hablen de eso. Y no es por orgullo necesariamente. Sucede que es sumamente complicado hablar de algo que se siente pero que no se entiende. La persona deprimida, como todo enfermo, no está capacitado para sanarse a si mismo. Su situación escapa de se control y si nos son asistidos se repliegan, a veces con graves consecuencias a su salud o vida.
Algunos logran superarlo como el lanzador Zack Greinke, quien la padeció en 2005 y con el apoyo de sus cercanos y el equipo, logró ganar el premio Cy Young. Igualmente Josh Hamilton de los Texas Rangers que superó el alcoholismo para llevar a su equipo hasta la Serie Mundial. Sus historias son como guiones de películas de Hollywood. Pero posibles con el apoyo y tratamiento adecuados. Es de recordar el apoyo que recibió Hamilton de sus compañeros cuando ganaron el título de la Liga Americana, celebrando con sodas y bebidas no alcohólicas. Prueba de que un entorno saludable y positivo también es parte de la recuperación.
El equilibrio psicológico de un deportista ya no es un tabú ni algo opcional en las grandes organizaciones deportivas. Incluso en Francia, los exámenes psicológicos bianuales son obligatorios junto a los chequeos médicos.
Nuestros héroes deportivos no son máquinas. Tienen altas y bajas como tu y como yo. Es esencial que las entidades deportivas, federaciones, equipos profesionales hagan seguimientos adecuados para prevenir situaciones que lamentar que acaben con una carrera o una vida. Los atletas y su entorno deben aceptar que escogieron un camino de muchas presiones donde solo la paz interior, la satisfacción y alegría de cumplir con el trabajo, son la mejor recompensa al terminar la jornada y así auyentar a los “demonios” internos que saboteen su éxito.

En Twitter @RubenDVillegas

El Síndrome de Ulises. La depresión en los inmigrantes


Se sentó en un banco a revisar el periódico, con la esperanza de tener calma y encontrar mejores oportunidades que en internet. Saca un pañuelo y se seca los ojos. Ve acercarse un grupo de uniformados. Por precaución, simula atender una llamada y se va caminando. "Es horrible estar así, me siento sola. Extraño a mi hija y siempre tengo un nudo en la garganta cuando pienso en ella, pero no puedo regresar porque siento que le fallaré. Aquí es difícil sacar los papeles y sin eso nadie me quiere dar un trabajo decente. También la gente y los policías me tratan mal, como si fuera una delincuente. Regresar a mi país no es una opción. Me quedaré aquí unos meses más a ver que sucede".
Esta escena ocurre en muchos idiomas, en diversos lugares del mundo y con protagonistas de distintos géneros. Sin embargo el denominador común es el mismo. La ansiedad y la tristeza. La impotencia de encontrarse en un callejón sin salida donde cada uno tomó la decisión de entrar a aventurarse para buscar una mejor calidad de vida en una patria ajena.
El conjunto de síntomas psicológicos derivados del estrés que sufren los inmigrantes es conocido como Síndrome de Ulises. Fue descubierto por el psiquiatra español Joseba Achotegui en su centro de trabajo en el SAPPIR (Servicio de Atención Psicopatológica y Psicosocial a Inmigrantes y Refugiados) del Hospital Sant Pere Claver de Barcelona, el cual fue fundado por él. El nombre es tomado del héroe de La Odisea, que se embarca en una aventura épica por los rincones más temibles del mundo griego. Pero el abandonar a su familia y sentir nostalgia por ellos, más los riesgo y desgracias que debe presenciar, nos reflejan el llanto de un hombre común y corriente más que el de un semi dios.
La migración en sus diferentes modalidades y motivos, se ha convertido en un factor distintivo de la sociedad globalizada. Y con ella un conjunto de cambios repentinos y bruscos en cuanto a estilo de vida, entorno cultural y circunstancias que van desde legales hasta familiares.
Estos cambios, a muchas personas les resultan abrumadores y no logran manejarlos adecuadamente, lo cual origina situaciones intensas de estrés, angustia y ansiedad.
Las sensaciones mencionadas van acompañadas de los diferentes tipos de duelo que se pueden sentir cuando se emigra: Por la familia y amigos cercanos, el idioma, la cultura, la tierra, el status social, el contacto con el grupo social cercano y los riesgos para la integridad física, la sensación de fracaso y por supuesto la soledad.
El Síndrome de Ulises afecta principalmente a aquellos que se encuentran de forma ilegal o en riesgo latente de pasar a serlo, en el país donde se encuentran y donde muchas veces, el regresar no es una opción por razones legales, económicas y de seguridad, o por el temor a sentirse derrotados o fracasados. Lo cual es el principal factor desencadenante de angustias y sensación de zozobra.
En estos inmigrantes, la sensación de sentirse deprimidos y apesadumbrados, no es la misma de la depresión clásica. No tienen deseos de morir para acabar con el sufrimiento. Por el contrario, tienen muchas ganas de vivir y superar el mal momento para salir adelante y ayudar a sus familias, lo cual da origen a actitudes de gran nerviosismo, tensión y el pensar obsesivamente en sus problemas actuales. También suelen presentar insomnio e irritabilidad en el carácter. Se le suma la desesperación de sentirse incomprendidos y sin apoyo.
La inmigración ilegal constituye un problema social por si sólo. El cual se agrava al observar ésta patología del siglo XXI. La principal recomendación para quienes la padecen es solicitar cuanto antes la ayuda de un profesional de la conducta. Ya sea por consultas privadas o en los servicios sociales de las distintas ONG que se dedican a la ayuda al inmigrante.
Emigrar no es fácil para nadie. Incluso para aquellos que lo han hecho con el mayor respaldo económico y laboral, acompañados de su familia, el impacto no es aminorado. Mucho más para aquellos que no corren con la misma suerte. Las secuelas emocionales son inevitables en cualquier caso. Es por ello que a manera de prevención, todas las personas con la disposición de emigrar, que observen la nueva situación de vida, más allá de la percepción de la cultura propia. Mentalizarse y prepararse para asimilar el choque cultural y minimizarlo en la mayor medida posible. Y a los ciudadanos del país anfitrión que conviven a diario con éstas personas, recordarles que ser inmigrante no es un delito ni convierte a la persona en delincuente, sino que son seres humanos iguales con la diferencia que nacieron en un país diferente pero con derechos fundamentales inviolables que tomaron una difícil decisión en busca de una mejor calidad de vida para ellos y sus familias.