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Héroes y villanos versus el equilibrio universal

Escena del Ragnarok. Ilustración medieval.
La humanidad ha llevado la definición del bien y el mal por los peores caminos. No hemos entendido que no somos binarios. Nuestro mundo no es blanco ni negro, sino una infinita variedad de grises.
Nada es completamente bueno o mal. Incluso el amor, la bondad y el altruismo llevan implícito un poco de ego. Hacemos bien para sentirnos bien. Damos amor para aliviarnos.  Mucha gente ha conseguido poder e influencia por medio de ayudas y apoyos a sus semejantes aunque no haya sido su intención consciente. Les ha llegado por consecuencia del bien que hacen, que rebota en bienestar para ellos. Y eso no es malo o tóxico necesariamente. Es solo nuestra naturaleza.

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Los vikingos crearon el Ragnarok, así como en la Biblia fue necesaria la existencia del Apocalipsis para advertirnos de la pugna entre el bien y el mal. Solo que no tenemos muy claro en qué bando estaremos. Lo que sí es seguro es que nos veremos como los buenos. Y te explico.
Hubo gente que quiso hacer el bien a su manera. Pero sus delirios y la nula empatía los llevaron a convertirse en tiranos. Stalin, Hitler, Fidel, Chavez, Franco. Todos querían ser salvadores, ser la cabeza de un proceso histórico. Y todo terminó con millones de personas sufriendo hambrunas, sin libertades o simplemente asesinados. Así como hay gente que son llamados buenos. La creación de la imprenta, la fabricación en serie, la informática y la robótica han sido grandes avances y le agradezco eternamente a sus precursores. Pero dejaron sin trabajo a miles de personas que no sabían hacer otra cosa que fajarse a mano limpia con todo. Pobres de sus familias. Mala leche.


Pero me llama la atención la necesidad del equilibrio en estas fuerzas. Es como si tuviéramos la necesidad de emparejar las tendencias sociales. Ante cada una de ellas siempre habrá una opuesta. Nadie quiere que nada sea absoluto. Quizás por eso terminamos odiando a los equipos, atletas o artistas con más fans. Odiar al Real Madrid, el Barcelona, Cristiano, Messi, los Yankees, el reguetón o Ricardo Arjona, es ya un deporte en sí mismo. Todos merecen nuestro rechazo y nuestras más profundas investigaciones para demostrar sus miserias y sus pies de barro. Y nuestro absoluto rechazo secreto o divulgado. 
Es terrible que todo lo que hagan sea viral o se traduzca en éxitos o dinero para sus arcas. Es necesario que exista otra fuerza opuesta y celebremos sus caídas. Por eso no son pocos los fanáticos de los Tiburones de La Guaira, el Betis o Newells. Nos encantan que los que menos chance tenían de ganar, lo hagan. La liga que ganó el Leicester hace un par de años no dejó indiferente a nadie. Era el triunfo de los David contra Goliat. El ascenso a la gloria de los desposeídos (aunque por detrás hayan inversiones millonarias y jeques árabes o chinos con mucho tiempo libre).


Pobrecitos Pepe Mujica, Lula, AMLO y Maduro que ganaron elecciones renunciando a sus salarios. Que héroes. Conmovedores. Son unos santos. Total, nadie mirará que un simple salario es nada cuando tienes el poder absoluto en tus manos. "Quienes no conocen la diferencia, no merecen mi respeto" dijo el caído Frank Underwwod.
Estamos observando el choque de tendencias dominantes contra las nacientes o resucitadas. La convulsión socialista que asaltó (y saqueó) a latinoamérica hace surgir a pensamientos radicales de derecha que ya van formando grupúsculos y movimientos. En Venezuela con el totem de Pérez JIménez como ícono. No nos detendremos ante la profusión de hechos inexistente o frases atribuidas. Así como las políticas de fronteras abiertas y tolerancia al Islam dan pie a la aparición de grupos nacionalistas y radicalismo cristiano con cada vez más espacios en Europa. El buenismo que olvida el estado del bienestar basado en las libertades, la seguridad y el desarrollo, no tardará en ser visto como un problema. Las actitudes blandengues y vacilantes de Obama en temas económicos y sociales, en momentos de desbalance en EEUU, trajo como consecuencia a Trump. Y la existencia de Trump, probablemente nos traiga movimientos abiertamente socialistas a la escena política norteamericana.


El lobby marxista cultural que se apropió de movimientos feministas y ecologistas, nos trajo a movimientos que ya etiquetan a dichos conceptos en líneas amenazantes a la estabilidad social. La desinformación y a radicalización en ambas orillas juega roles importantes. Como redes enormes buscando pescar en los bancos de peces enormes en los que se convierten las masas. Irracionales por naturaleza ante el amparo del anonimato. A la hora del zaperoco, nadie votó ni apoyó por los culpables.
La implantación de la mano blandengue que propicia el descontrol y el caos, originará a la mano dura que imponga el orden. La mano dura será la llamada a la mano rebelde. Todo héroe necesita un villano. Batman sería un inútil si el Guasón muere. River necesita a Boca para que la liga valga la pena. Nadie se imagina a un Caracas sin el Magallanes. ¿Necesitaríamos a Dios si no existiera el Diablo? Retador y campeón se necesitan para existir. Y así seguimos. Y seguiremos.

Justicia y venganza para todos.


"La venganza nunca es buena, mata el alma y la envenena"
El chavo del 8. Obras completas.

La justicia, como sabemos busca equilibrar balanzas en favor del bien. En favor del orden, pero sobre todo, en favor de evitar acciones irracionales y desproporcionadas por parte de los involucrados. Es una forma de burocratizar el bien. De mantenernos cuerdos como colectivo y como individuos.
La venganza también busca equilibrar la balanza pero desde nuestros impulsos más primitivos.


Ambas están hermanadas por la presencia de compensaciones y castigos. Y dependiendo del contexto, país o cultura, la justicia puede parecer más una venganza. Hay culturas que aún conservan la pena de muerte, que da igual si es inyección letal, la horca o la silla eléctrica, el fin es el mismo. O la mutilación, el linchamiento, el embargo de bienes y el destierro. A muchos nos da un aire de satisfacción cuando sabemos que alguien que, según nuestros parámetros, hizo algo horrible, recibe una pena igual o mayor en horror. La justicia es una venganza pero con filtros.
Todos hemos sentido deseos de venganza al sentirnos heridos o agraviados. Queremos que el otro sufra tanto como nosotros o más. Es lo normal, no vengo a pontificar y decirte que no lo sientas, porque soy tan humano como tú.

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El asunto que me inquieta hoy es ver, desde qué punto, esa justicia que yo, particularmente, veo como una venganza filtrada por toda la corrección moral, nos falla y no nos llena. 
¿Qué quisieras que le pase al asesino de un familiar o de un ser querido? Qué quieres que suceda con alguien que violó y lastimó profundamente a un niño? Que debemos hacer con quienes destruyeron a todo un país, hundiendo a sus ciudadanos en la opresión y la miseria?


Les voy a contar un secreto, yo siento un aire de satisfacción cuando sé que mataron a un delincuente o a uno de esos policías y militares que azotaron mi ciudad y mi país. Nunca he sentido pena o lamento por ellos ante sus muertes por disparos, enfermedades o accidentes. También me hace sentir bien saber que chavez murió con mucho miedo, impotente e indefenso, a tal punto que ni siquiera sabemos cuáles fueron sus últimas palabras. Y no saldré a pedir perdón a Dios por eso. Me alegra saber que hay una plaga menos. Y también me encantaría que fuera posible la castración total de pedófilos. Yo siento ese deseo de venganza ante la certeza que la justicia de oficinas no pudo alcanzarlos.
¿Alguien se imagina a chavez, maduro o sus secuaces ante un tribunal? Yo no, no soy optimista con eso. Sé que muchos de los responsables directos de muertes y destrucción jamás pagarán por ello. Sé que duermen tranquilos sin ningún cargo de conciencia. La justicia de los tribunales nos fallará.


No, definitivamente no creo en la pena de muerte. No satisface mi sentido de justicia. Sería impartida por otro ser humano que pudiera ser corruptible, o cegado por sus prejuicios. No sería tan ingenuo como para proponerlo en Venezuela a sabiendas de lo podrido que está todo el sistema judicial. Ni creo en las matanzas ejecutadas por la policía porque sabemos que es solo un ajuste de cuentas entre mafias y con un gran saldo de inocentes perjudicados.
Hemos sido traicionados. Yo he sido traidor hacia personas que me amaban, tanto queriendo como sin querer. En mayor o menor grado. Y a mis principios más de una vez. Y no me mires así, que tú también. ¿Merecemos justicia, venganza o perdón? ¿Qué nos corresponde? ¿Qué debe hacerse con nuestras faltas? ¿Merecen los mismo que las ajenas aunque sean idénticas? ¿Qué buscan los héroes que admiramos en el cine y en los libros de historia? ¿Los Vengadores buscan justicia o venganza? Porque si buscan venganza, Batman debería ir tras ellos y pararlos.
Y luego de cumplida la acción, ¿qué nos quedará? Y en caso de que todo pase y nada suceda con los que faltaron ¿ habrá justicia divina? ¿Y si Dios es tan pana y tan amoroso que todo lo perdona? ¿Perdonaremos nosotros? ¿Negaremos el rencor que nos consume? ¿Aceptaremos la impunidad con resignación en nombre del bien, el orden y el raciocinio? ¿Perdonamos para librarnos de esa carga?
Y de ser así, ¿haríamos honor a la justicia?
¿Qué hacemos con este dilema?
Pues eso, yo tampoco lo sé aún.

Libertad, incómoda libertad


La libertad es el concepto más ambiguo, subjetivo y temido por los seres humanos. La anhelamos como quien idealiza al amor de su vida, pero que al conocerlo se traban las palabras, las ideas no fluyen, nos encorvamos, sentimos el mal aliento y no sabemos qué hacer, cómo presentarnos y terminamos enredados ante semejante poder.
La libertad te expone. Deja a la vista la lealtad y la fidelidad a los principios y valores. No hay demostración más pura que cuando alguien es libre de irse y aún así se queda de tu lado, sin condiciones ni obligaciones, solo por la mera voluntad. 
Cuando se internaliza la libertad, entiendes que la única que vale no es solo la tuya. Que así como quieres ser respetado en tus gustos y creencias, debes dejar a los demás expresar las suyas. En especial cuando no son de tu agrado. Soy una de las personas más agnósticas que te vayas a encontrar y aún así defiendo el hecho de que la gente vaya a sus iglesias, templos, cultos y lugares de rituales. Hasta creo que en ciertos momentos de la vida es bueno para la salud mental. Dejé de pedirle a la gente que hiciera o no hiciera ciertas cosas en mi funeral porque todos somos libres de pasar el duelo como mejor nos parezca. El que quiera tomarse unos tragos o rezarme un rosario o lo que sea que crea que lo amerite, que lo haga. Además no me enteraré, estaré muerto o divirtiéndome en otro plano. Quién sabe. Solo pido ser cremado y es por un asunto ecológico. Mis cenizas échenlas en una playa, la que sea me da igual, si se fijan, todo el planeta tiene un solo mar, en realidad.
Tenemos plena libertad para vivir y matar, todo está a nuestro alcance, sin embargo, decidimos hacerlo o no apegados a nuestras circunstancias. Nadie hace el mal todos los días porque lo presionaron. El bien y el mal, en los seres humanos, siempre será un asunto de elección. El poder de elegir, el poder que activa todos los componentes del razonamiento humano.
El respeto por la libertad ajena nos pone en aprietos morales y sociales constantemente. ¿Pero estamos preparados para aceptar las más excéntricas y chocantes creencias y costumbres? A mi me cuesta con algunas cosas, y mucho. Estoy claro en que es absurdo prohibir cierto tipos de canciones, ya hemos hablado de eso. Y honestamente me sentiría más cómodo si se minimizara al máximo ciertas posturas políticas o religiosas en beneficio de mi concepto de un mundo mejor. También me gustaría que mis amigos, pareja y familiares no actuasen de determinada forma o no dijeran ciertas cosas. Pero entonces ahí estaría sacando el tirano que llevamos latente. Ellos son así, puedo ayudarlos a mejorar y aceptar que ellos puedan ayudarme. El límite, por supuesto siempre será el daño que pudiéramos provocar al prójimo por nuestras acciones.  Pero eso solo suena factible en los libros de autoayuda. Cuando la gente no quiere, pues, no quiere. Y si aún así, los mantienes cerca o te alejas de ellos, también eres libre de tomar esa decisión (la mayoría de la veces, en otras hay que aguantarlos).
También puede producir temor ser libres. De adolescentes queríamos ser mayores para poder hacer cosas de adultos como salir de fiesta toda la noche cuando quisiéramos. Y de adultos queremos ser adolescentes para librarnos de responsabilidades. Es como es inmenso temor colectivo que se apoderó de los negros cuando se abolió la esclavitud. Ninguno sabía exactamente qué hacer o dónde vivir y fue un proceso traumático, pero necesario. A veces queremos que las decisiones más relevantes sobre nuestro destino las tomen otras personas, o dejarlo en "manos de Dios" porque nos abruma la enorme responsabilidad de la libertad de tomar decisiones. Se nos escapa de las manos y corremos a los brazos de un poder superior que nos ampare y nos libere de culpas. Terminamos amando nuestras cadenas y venerando el templo que representan nuestras jaulas.
La libertad a veces es un fastidio, sobre todo cuando no es la nuestra, pero es como el dedo chiquito del pie, ese que siempre te tropiezas contra las mesas y que muchos han pensado en amputar. Es indispensable para estar completos, para estar derechos, para mantener la línea en nuestro andar. Para que no se doble nuestro ser.