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6 preguntas incontestables para los inmigrantes

Panorámica de A Coruña. Foto: Rubén Villegas.

Todos tenemos amigos y familiares que nos preguntan constantemente cómo es este asunto de emigrar. Es normal, ya que muchos tendrán que hacerlo porque la situación venezolana seguirá cuesta abajo y sin frenos, con ninguna luz en el horizonte próximo. Otros tantos se quedarán y eso no es ni bueno ni malo. Es lo que hay.
Pero hay preguntas que no tienen una respuesta fija, lógica y que solo pueden responderse tomando en cuenta las experiencias y gustos muy particulares y objetivos.
No es que estemos negando la información o porque nos hayamos vuelto arrogantes. Es que sinceramente no sé qué decirles.

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¿Con cuánto se vive allá? Eso depende de cómo quieras vivir. Yo no tengo hijos, ni mascotas. Tal vez tú sí. Yo no tengo ni idea de cuanto cuesta el alimento de las mascotas ni el uniforme escolar. Y no lo sé porque no he tenido necesidad de averiguarlo.
Tal vez a ti te guste tomarte una cerveza todos los fines de semana. Tal vez quieras vivir en un apartamento y no en una habitación. Tal vez quieras comprar un automóvil. Tal vez no te guste viajar solo por el placer de tomar fotos y pillar únicamente los sitios donde no necesitas pagar entrada. 
No sé qué te gusta comer. No sé cuánto te gusta comer. No sé si estás dispuesto a modificar tu nutrición. No sé si te gusta cocinar. No sé si te gusta vivir en una ciudad grande. No sé de qué vas a vivir cuando estés aquí. No sé cuánto dinero traes y tampoco voy a preguntarlo.
Es una pregunta con demasiadas variables como para escribir un mensaje de texto explicándolo. SInceramente no sé qué decirte. Te puedo decir algunas cosas concretas que hago. Pero tampoco sé si estás dispuesto a vivir como yo.


¿Cómo es la gente? Pues a mi me parecen amables. Jamás he tenido un episodio de xenofobia ni nada parecido. Pero yo no sé cómo reaccionarás con ellos al escuchar su acento, sus palabras, expresiones, costumbres. Ni hablar de estándares de belleza física o vestimenta. No sé qué esperas de la gente.
Te puedo contar cómo son mis amistades acá. Pero ellos no representan a la totalidad de la población. Y no sé si te caerían bien.


¿Se vive bien? Volvemos a la primera pregunta. Yo siento que vivo bien. ¿Puede mejorar? Claro. Pero no sé qué aspiras de la vida para vivir bien a corto, mediano y largo plazo.
Hay gente que quiere emigrar para hacer dinero, por ejemplo. Yo les sugiero que vayan a Perú, Chile, México o EEUU. En España es una apuesta al largo plazo. A la vejez. Llegar a viejo y tomar el transporte público a las 2:00 am luego de estar en un bar con los amigos. Eso no necesariamente lo obtienes con dinero porque depende de los niveles de inseguridad y calidad de los servicios públicos. Solo tú puedes definir lo que es la calidad de vida según tus estándares.

¿Cuánto necesito para ir? Parecido al resto. Depende de cómo quieras vivir. Depende de cuánto tardes en conseguir trabajo. Depende de tu capacidad de ahorro. También de si tienes la nacionalidad y un permiso de trabajo o residencia.


¿Es fácil legalizarse? No lo sé. No conozco tu situación ni tus antecedentes. No sé si te vas a enamorar con un nacional. No sé si tienes antecedentes penales. No sé cómo está tu pasaporte. 

¿Es fácil conseguir trabajo? No tengo ni idea de lo que estás dispuesto a hacer para generar ingresos. Tal vez de todo. Tal vez nada. No sé qué tanta paciencia tienes. No conozco tu capacidad de aprendizaje en entornos nuevos. No sé si tienes habilidad para tejer redes sociales. No sé si te vas a intimidar aquí. No sé que tanta resistencia física y mental tienes. No sé si quieres estudiar una carrera, un oficio o hacer cursos. NO sé cuántos idiomas hablas. No sé...

El dilema de regresar

Aterrizaje. Foto: Ruben Villegas

Más allá de la nostalgia, el intentar recuperar una zona de confort, o como un acto de fe, el regresar a Venezuela supone un ideal para la mayoría de las personas con quienes he tocado el tema.
Siempre se comenta la posibilidad de montar un negocio allá, comprar una casa, un carro y todo ese guión que se impone a quien aspire llenar un parámetro de éxito.
Pero eso es el caso de los demás. Yo quiero hablar sobre lo que yo veo en este asunto.
Considero que hay que separar la emoción de la evaluación de los hechos. Tal vez muchos migraron a países que no eran su primera opción ni su ideal. Pero muchos otros evaluaron cuidadosamente las posibilidades de obtener residencia, trabajo, clima, seguridad, educación entre otros.


En este sentido, evalúo el volver a Venezuela como si fuera otro proceso migratorio. Lo es porque esa Venezuela a la que hipotéticamente volveríamos no es la misma ni se parece a la que dejamos atrás. Tendrá otro contexto, problemas, dificultades y circunstancias que enfrentar.
Imagina que el chavismo en el poder cae mañana. Qué chévere. ¿Venezuela será un lugar ideal para vivir de inmediato? No. A mi parecer en este punto tomará años. Consideren que todo el aparato productivo, económico y social está en una decadencia y destrucción, que según otros antecedentes de recuperación como los casos de Singapur, Alemania, España, Italia, Portugal y Japón tardaron más de veinte años en concretarse. 


¿Quieres ser parte de esa aventura de la reconstrucción del país? Muy bien, te felicito, adelante. Yo, particularmente no siento motivacion actualmente para eso. Aunque tal vez cambie de idea en un futuro.
Además tendremos una sociedad marcada por el resentimiento y la ausencia de justicia.
¿Qué pasará con las fuerzas armadas y la policía? 
¿Qué pasará con lo robado?
¿Habrá justicia para los asesinados?
No me digas que después se verá eso porque me molesta mucho. Todas las veces en que los venezolanos como masa hemos tenido esa bendita frase en la boca, se han provocado graves crisis que van desde la guerra civil hasta la ascensión del chavismo al poder. La improvisación es una pésima idea. Tengo pruebas y no tengo dudas.


No hay que olvidar dos aspectos clave. Una gran parte de la "oposición" mantiene la tesis del perdón y olvido para crímenes del chavismo. Permitir su existencia y darles voz y voto para "reconstruir y reconciliar".
Por otra parte, el chavismo se hizo de cantidades astronómicas de dinero. Está en todas partes. Tiene miles de socios con alto y bajo perfil. Creo que nunca sabremos todos los nombres. Y esa gente, gracias al dinero, seguirá teniendo influencia en la política, medios de comunicación, militares y otros delincuentes como malandros de barrio y cuerpos policiales.


No me extrañaría para nada que estos mismos inicien una gran campaña de rechazo a los que emigramos tildándonos de traidores y cobardes, como he visto algunos amagos en redes sociales. Están calentando el brazo y creo que la estrategia va por allí. Son expertos en gobernar en el caos, la división y tienen listos diversos escenarios para manejarlos.
El chavismo seguirá si no se le persigue como se hizo con el nazismo y como se condena el comunismo en Polonia y Ucrania. Si jugamos al país de los ositos cariñosos de un día para otro, en realidad no cambiará mucho el escenario.
El tema de regresar será un profundo dilema, un problema y algo que bajo esas circunstancias, para alguien como yo que no tiene peso económico ni amistades militares o en el chavismo, será algo descartable.

Yo no extraño a mi país

La madre del emigrante. Gijón, España.

Sí, es mi caso. Seguramente muchos de quienes me siguen extrañan las playas o Mérida, y eso está muy bien. Pero yo no añoro a Venezuela como tal por circunstancias muy particulares. Extraño el cómo me sentía con los míos, independientemente del lugar donde estábamos o visitábamos. Ellos eran quienes impulsaban mi apego, mi sentido de pertenencia. Y ahora ellos tampoco estarán allá en el corto plazo. No sé si volveremos a vernos en Venezuela algún algún día. Pero siempre los llevaré conmigo.

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La presencia es insustituible. La pantalla es un placebo. Una solución que no es ficticia pero que alivia un poco. Pero no hay olor ni sonidos de respiraciones, ni gestos o tics que nos digan más de lo que leemos. Es sólo un visor a la dimensión paralela que no queremos sacar de nuestra vida. Los que se quedaron o tomaron otros rumbos.
Escribí un libro sobre venezolanismos, El orígen de palabras y expresiones venezolanas, y es normal que les parezca contradictorio el hecho de no extrañar a Venezuela como lugar a pesar de escribir sobre eso. En realidad extraño a la gente cercana que usaba esas expresiones. Me gusta escribir sobre las personas. Mis personas.

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No puedo extrañar un país que sinceramente siempre ha estado en decadencia. No extraño a los motorizados haciendo lo que les da la gana. No extraño el culto militar. No extraño a los policías o GNB por quienes me tomo una cerveza cada vez que fallecen para ligar que el infierno realmente existe y ellos estarán allí por todo el mal que siguen causando. Sí, sus muertes son motivo de celebración. Y no lo lamento por sus familias. Son un mal menos en el mundo. No extraño la basura regada en las calles por la desidia de mandatarios y mala educación del "pueblo". No extraño el pésimo sistema educativo. No extraño tenerme que meter el teléfono en las media para que no me roben. No extraño la sensación de recibir una llamada o mensaje a medianoche con el temor de que sea la noticia del asesinato de uno de los míos. No extraño el viajar a otra ciudad e autobús con el temor de un accidente o un atraco masivo. No extraño desconfiar del que viaja a mi lado en el metro. No extraño tener que regresar a casa de madrugada con los nervios de punta. No extraño a los funcionarios públicos que te tratan como basura. No extraño a los vecinos que les vale verga tu paz cuando les da la gana de poner reggaeton y vallenato tres días consecutivos. No extraño que se me vaya la luz. No extraño bañarme con tobos de agua. No extraño tener que ir a un hospital con más miedo que a la muerte misma. No extraño el discursito socialista y populista de políticos del gobierno y oposición. No extraño el borreguismo de idiotas que quieren vendernos a chavistas como simpáticos, ocurrentes e inocentes. No extraño toda esa enorme cantidad de cosas que nos llegaron y creamos, que ahora nos convirtieron en migrantes desparramados por el mundo.

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No, no quiero que Venezuela el país de antes. ¿El de antes de qué? ¿Antes del chavismo? ¿Antes de los adecos y copeyanos? ¿Antes de la peste militar de principios del siglo XX? ¡Antes de la guerra Federal? ¿Antes de La Cosiata? ¿Antes de la Independencia? ¿Antes de Colón? ¿Antes de las masacres entre los Caribes y el resto de los Arawacos?
No, me niego a querer algo de eso. Porque todo eso nos trajo hasta aquí. Y yo quiero romper con todo eso que eramos y somos. Por la misma razón que no quiero volver con mis ex, solo porque la actual me hizo algún daño.
Quiero ver gente emprendiendo y libres para hacerlo. Quiero que tengamos una educación que nos prepare para la vida y donde la evaluación y contratación de profesores sea la más estricta de América. Quiero poder tomar fotos de mi ciudad natal con mi teléfono cuando yo quiera. Quiero que la plaga militarista sea borrada del mapa y no volver a hablar de ejércitos ni fuerzas armadas; quiero que todo eso sea abolido y castigado debidamente. Quiero poder viajar cuando me plazca. Quiero ver un partido de futbol y beisbol sin tener la eterna duda y sospecha de que todo fue arreglado y comprado o que sus fondos son de origen oscuro. Quiero una sociedad que vea más allá de existir para tener hijos, hijos y más hijos sin ver si pueden darles calidad de vida. Quiero arte y cultura libres, y no una cuerda de vagos y mantenidos haciéndose llamar artistas para que el estado les costee sus cervezas. Si vamos a hacer artes, al menos hay que tener las bolas de hacerlo rentable. Sino, pues que sea un hobbie. Como en mi caso.
Quiero que seamos reconocidos por logros como personas y no como sociedad. Y no por accidentes geográficos ni asuntos subjetivos de estética corporal. 

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Quiero tantas cosas y que para bien y para mal, he hallado en otros lugares... 
Como verás, por eso algunos dicen que soy un pésimo venezolano. O que quien no quiere a su patria no quiere a su madre. Ahí me perdí. En el hilo argumental entre el culo y las pestañas para ser exactos.
Pero es lo que tenemos. Y esto es lo que quiero. 
Pido demasiado.
Lo sé.

¿De qué hablamos los inmigrantes?


Hace unos días rectifiqué sobre lo que dije, que al emigrar cambiamos unos problemas por otros. Sigo creyendo que eso no es del todo cierto. En realidad seguimos llevando a cuestas muchos asuntos por resolver en nuestros países de origen. Y esa realidad también cambió. Ahora llevamos asuntos de otros países donde quizás nunca hemos ido pero tenemos familiares y amigos allí. Por ejemplo, yo nunca he visitado Perú, Ecuador, Argentina o Chile pero ya tengo algunas nociones sobre tasas cambiarias, leyes migratorias y tendencias políticas en auge. Entonces el terruño no era importante para mí. El Salto Ángel, las playas, y todo eso me resultan irrelevantes porque mi foco eran los seres con quienes compartía. Y al no estar ellos allí tampoco, pues todo para mi, queda claro.

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Nuestros problemas son muy particulares y hacen que nos enfoquemos en otras cosas. Incluso si el bombardeo informativo en nuestros nuevos hogares se empeña en hacernos ver otros temas.
Si te vas a Europa, lo normal es el debate social sobre feminismo, reconocimiento de derechos civiles a LGBTI, medio ambiente, inmigración musulmana y africana, el coqueteo con la izquierda o derecha extremas, los realities faranduleros, fronteras, subidas o bajadas del Euro y la hegemonía rusa, entre otros. 
Si te fuiste a EEUU, la conversación gira en torno a los impuestos, Trump, inmigrantes ilegales, Trump, feminismo, Trump, las multinacionales de comunicación, Trump, entre otros Trumps.
Los que se fueron al sur de América lo que oyen es sobre subida y bajada del dólar, déficit fiscal y populismo.

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Nosotros venimos de hablar sobre buscar comida y medicamentos, las colas inmensas e interminables para conseguirlos, el apartheid político que implanta el chavismo como parte de la receta marxista, que fulanito se murió porque no consiguió el tratamiento, que el policía o el militar anda amenazando a la familia y hay que pagarles vacunas, los malandros que mataron a nuestros conocidos, amigos, familiares y parejas, que los chavistas andan viendo donde más joder al que no han jodido, o qué medida soviética implantan para cerrar cualquier ventana a la libre expresión y protesta. Entre otros. Sacando por supuesto el tema de las propuestas opositoras en todas sus tendencias que a esta hora están totalmente paralizadas, por lo que se convirtieron en irrelevantes.
Sí, venimos de ser jodidos horriblemente por la izquierda. Por el marxismo en su empaque  mercadeado exclusivamente para latinoamérica: Caudillismo, populismo, ser rico es malo, el empresariado y los comerciantes te explotan mientras "Solo el caudillo salva", ser pobre es ser honesto, digno e inocente, la verborrea ecologista mientras acaban con el Amazonas y el acceso al agua potable depende de camiones cisternas, y otros cuentos que tu y yo conocemos.
No es que seamos indolentes ante todos esos temas que se hablan en nuestros nuevos destinos. Es que estamos contaminados y traumados (eso se lee muy dramático, lo sé) por cosas que subjetivamente nos parecen más graves.

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Que se entienda que no haré activismo ecologista, feminista ni pro LGBTI, ni pro nada cuando sus discursos y voceros se ponen sus franelas del Ché, nos hablan de "igualdad a juro", limitaciones a la producción, eliminación del libre mercado, creación y posterior reparto arbitrario de la riqueza (de los demás por supuesto) o se toman fotos con personajes que vimos llegando por la rampa 4 de Maiquetía para tomarse su gran foto sonrientes y prósperos con chavez y maduro, vendiéndose como antisistema, siendo cómplices del sistema con mayor cantidad de asesinatos y producción de pobreza de la historia: El marxista en todas sus vertientes.
Aunque luego siempre tengan a "su vieja confiable" cuando todo se derrumbe: Es que eso no era verdadero socialismo.
Aguantar, respirar calmadamente, contar hasta diez para evitar que e puño se vaya directo a la jeta de quien suele decir esto, ya es un mantra. Uno es civilizado y hay que controlar los impulsos. Orden y decoro.
No, y no voy a disculparme. No puedo tragarme esa vaina. El empaque es distinto pero el contenido lo conozco. Tengo 20 años viendo a mi país ahogado y enfermo con eso.

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No es indolencia nuestra. No es que no nos importen esas luchas. Algunas me parecen justas, otras no. Es que ya esa historia la conocemos. O estamos pensando en otras cosas. Nos preocupan más las mujeres que mueren en los hospitales, el nulo acceso a los anticonceptivos o productos de higiene personal, así como que sean usadas como moneda de canje entre delincuentes, policías y militares, las son presas políticas, las que han sido asesinadas por salir a protestar contra el gobierno, que una propuesta a la RAE para que se cambien los artículos y adjetivos universales porque son "machistas", algo con lo que, dicho sea de paso, no concuerdo. 
Nos preocupa más ver como nuestros familiares se ven cada vez más delgados la enorme dificultad para conseguir un pasaporte y lograr sacar a un ser querido de Venezuela, con lo que le estaríamos robando una vida al chavismo y al marxismo, que la cantidad de africanos llegando a las costas de Europa.

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No puedes convencerme sobre la maldad de los alimentos transgénicos (cosa que no me parece fundamentada y de la que hablaré más adelante) y las multinacionales, cuando vi como la agricultura de mi país fue arrasada bajo esta bandera para luego favorecer a mafias exportadoras y que ejercen el control social por medio del hambre.
Nos devanamos el coco pensando en cómo evitar ser deportados, sacar nuestros papeles de residencia legalmente y conseguir un trabajo que nos alcance para vivir en un nivel insoñable en comparación con Venezuela que. ¡NO!. NO SOMOS INDOLENTES. NO es que nuestro mundo se hizo minúsculo. Es que tenemos la cabeza en otra cosa. Es un asunto empático.
Como cualquier ser humano nos afectará más lo que tengamos en las narices y no la bajada de precios del maní en Timbuktú.
Nos encantaría tener más espacio en la cabeza para pensar en internet libre, protección animal, aborto, matrimonio LGBTI, derechos garantizados para hombres y mujeres por igual y esas cosas que inspiran y que suceden en Islandia, Noruega o Suiza (que no, no son socialistas. Ni de vaina).
Esas luchas de las que no me siento incluido por andar en otras, no son triviales. No me ofenden. No buscaré censurarlos porque creo en un mundo libre que no existe en los países que esta gente que no comprende nuestra lucha, idealizan sin ninguna base histórica (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Corea del Norte, Rusia, Irán). Quizás coincidamos en otras cosas, o en otros rumbos. 
Eso no quita que queremos participar. Queremos integrarnos. Queremos aportar. Queremos que nuestros nuevos hogares se mantengan así o sean mejores. Pero lo haremos desde nuestra experiencia. En los puntos que más nos duelen. Y en nuestros términos.

¿Quién es la voz de los inmigrantes?


Ya lo has visto. Emigrar es una aventura en solitario aunque estés con tu familia y tengas amigos en tu nueva ciudad. Entender y asumir esto libre de rencores y resentimientos es vital. Es un asunto de supervivencia.
Mientras estamos fuera solo contamos con nuestra habilidad de relacionarnos, de aprovechar las oportunidades por pequeñas que sean y levantarnos de las muchas caídas que tenemos y tendremos.


Mucho se ha dicho y reclamado por la ausencia de unión entre venezolanos. Eso es parcial, es según los que te hayas encontrado. He entendido que muchos factores juegan para que eso no se produzca tal y como hicieron los inmigrantes de las décadas del 50 y 60 en Venezuela. 
Una puede ser la poca identidad o empatía entre gochos y maracuchos con centrales (Valencia, Maracay y Caracas) y con orientales. En cambio los españoles y portugueses llegaban desde localidades específicas como Galicia y Madeira, lo cual aumentaba la posibilidad de que fueran conocidos, parientes lejanos o por vínculos regionalistas. Y ojo, las razones pueden ser mucho más profundas como el clasismo. sí, al igual que en Venezuela hay gente que te mira de manera diferente según la cantidad de dinero que lleves, sin importar de dónde lo sacaste. O la desconfianza mutua por tantos años de viveza criolla. Y es normal. Es chimbo, pero normal.

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O simplifiquemos. Supervivencia. Cada quien está pendiente de salvar su pellejo y no hay tiempo para pensar en los demás. Y también es normal.
Así como también es cierto que existen muchas personas, asociaciones y partidos políticos venezolanos que se dedican a brindar asesoría gratuita, comida, refugio temporal y ropa a quienes en algún momento hemos estado en aprietos. En España hay montones. Hay regiones y ciudades donde conviven hasta cinco agrupaciones diferentes. Juntos en el objetivo, pero no revueltos en las acciones.
Pero cosa curiosa. Entre unos cuantos también he visto rencillas, chismes, acusaciones, recelos y demás tonterías. Sí, tal cual la política criolla de todos los bandos y colores. Tal cual las reuniones de los condominios de cualquier barrio y urbanización. No te horrorices. Es normal. Pasará un tiempo antes de que nos descontaminemos. Pero pasará. Eso espero.


También te encontrarás gente que no mirará tu cuenta bancaria, ni tu origen, ni tu pasado. Te va a tender la mano y serán tus amigos sin más condición que la simpatía mutua. Los he conocido, no son rarezas. Muchos de ellos aportaron y aportan recursos individuales para los que están acá. Han participado en cuanto evento político incluya a los venezolanos en el exterior, envío de medicinas. Hasta recursos económicos para la Resistencia en las protestas de 2017 aportaron. Me consta.
Hay quienes contratan preferiblemente venezolanos y hay quienes no quieren nada con los paisanos. Cada quien hace con su negocio o que quiera. La libertad es la libertad.
Lo que trato de decirte es que te vas a encontrar de todo.
¿Tenemos un vocero, organización unificada o una referencia que podamos decir que nos representa? No. ¿Hacen falta? Pues, tengo opiniones encontradas.


Hay muchos que fueron referentes políticos en Venezuela viviendo en España. Varios tienen la nacionalidad incluso. Se toman fotos con Rajoy, Rivera y hasta con el Rey. Otros pasan por aquí de visita en sus giras. Asisten a un par de encuentros con venezolanos en la calle y ya. Hablan de las elecciones, de nicolás, de diosdado, y de cualquier tema de la agenda política permanente.
Lamento profundamente que aún no hablen de nosotros. Esos, los que no entramos en La Moncloa y pululamos entre Gran Vía, Puerta del Sol, Las Ramblas de Barcelona y los malecones de Galicia, Euskadi y Valencia.
Somos aproximadamente 150 mil venezolanos en España. Algunas estimaciones alarmantes (o alarmistas) hablan casi la mitad en situación migratoria irregular. Sin papeles. Ni hablar de los que están pidiendo asilo, aún sabiendo que en 2017 solo aprobaron 15, habiendo 12 mil solicitudes pendientes. hablo de los que por no tener pasaporte vigente no pueden solicitar arraigo. Hablo de los que tienen hijos españoles, dejaron todo en Venezuela para venirse pero no pueden pedir ni lo uno ni lo otro porque debían aguantarse  haciendo el trámite en el consulado mientras la urgencia por el caos social y económico les caía encima.


Esos que están en el limbo legal ¿qué oportunidad tienen? 
Miro con desconfianza esas fotos bonitas que salen en Internet porque no hay nada sobre ellos. Esos a quienes quizá me toque unirme en una jugarreta del destino. El futuro es incierto.
No he visto la primera propuesta al Parlamento para abogar por nosotros. No quiero pensar que es porque no somos votos en Venezuela por el bloqueo que nos tiene el CNE con el registro electoral y cierre de consulados. O porque tampoco somos votos en España, ni en EEUU, ni en Chile, ni en Argentina hasta dentro de unos cuantos años. 
Es que ni siquiera para aprovechar la inmensa cantidad de mano de obra de calidad  venezolana que necesita España en algunas regiones en cuanto a profesiones y oficios se ve algo por escrito.

Entonces ¿a quién representan estos ilustres visitantes y residentes? Porque a mi no. No me siento representado por quien quiere ejercer un liderazgo y no habla de lo que me importa a mí y a los míos. Y tampoco veo iniciativa alguna moviéndose por nosotros. Solo fotos. Y nada más. Cuando lo hagan, tal vez cambie de idea.
Esto también nos sirve para pensar bien a la hora de elegir a nuestros líderes políticos. La política es tan sucia o tan útil como los ciudadanos lo permitan. 
Las iniciativas de Piñera, Macri y Kuczynski a favor de nosotros fueron de ellos. Y se les agradece.
Así que solo estamos nosotros. Solo dependemos de nosotros. Si sale alguna de estas iniciativas que ayuden a regularizar nuestra situación migratoria, creo que saldrá de nosotros. 
Si sobrevivimos, será por nosotros. Nuestra lucha es solo de nosotros. Nuestro futuro nos pertenece. Y esa es la buena noticia.

Depresión. Morir en vida y en silencio



Sufre el que se va. Sufre el que se queda. Ambos se quedan solos. Cada uno con problemas distintos. No tener papeles de residencia, incertidumbre, desempleo, desadaptación cultural, idioma de un lado, alejamiento físico de la pareja, padres, hijos y amigos. Delincuencia, régimen dictatorial, desprecio a los derechos civiles, ausencia de alternativas concretas o serias para extirpar el chavismo, escasez de alimentos y medicinas por el otro.
En líneas generales la salud mental de venezolano se encuentra fuertemente afectada. Pueden refutar diciendo que somos chéveres, que nos reimos de todo, que el chalequeo nos hizo más fuerte o cualquier otra creencia popular. La verdad es que la depresión, como enfermedad mental, se ha convertido en un fenómeno colectivo que merece ser observado con cuidado.

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Los índices de suicidio han aumentado mucho en los últimos 10 años, sin que, por supuesto, existan cifras oficiales sobre esto, al igual que con cualquier otra enfermedad física o mental. Ansiedad, frustración, hambre, humillaciones, padecer enfermedades cuyos tratamientos son impagables o no poder acceder a las medicinas y tratamientos. Muchas cosas pueden disparar depresiones. En algunos casos irreversibles por no poder contar con una asistencia adecuada. 
Muchos no quieren decir que sufren. Nadie quiere sentirse como un débil y ser una carga. Para otros, el hecho de dar lástima o sentir compasión de terceros es una afrenta al honor y al orgullo. Así que todo se traga con estoicismo inútil. Pero solo logramos que ese puñal se hunda cada vez más y en silencio. Nos arrebata la alegría, la pasión, el amor propio, y en algunos lamentables casos, hasta la vida.

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A veces te frustra no cumplir con ciertas expectativas, tanto propias como de terceros. Vamos, no somos perfectos. Todos fallamos cualquier día, incluso por rachas largas. Esto nos lleva a la culpa y a veces terminamos ocultando cosas a las personas que amamos. Eso es dañino. Vive para ti. Quien te quiere, lo va a seguir haciendo consigas lo que consigas. Es difícil vivir sin expectativas. Pero lo más sano es dar lo mejor de nosotros y contar solamente con lo que tenemos a mano. El futuro es siempre incierto y solo es real lo tangible. No lo que esperas en tu mente.
Vivir de una mentira o una falsa apariencia solo hará que el dolor interno se haga más grande y terminarás lastimando a quienes más te importan.
Quedamos desnudos y con frío ante nuestras verdades. Pero nos arropa el cálido manto de la libertad y la paz interna. 
Muchas depresiones se ocultan tras sonrisas, bailes, euforia, lujuria, devoción y fanatismo. Luego vemos vidas que consideramos ejemplares acabarse como la reciente de Alejandro Cañizales o Robin Williams.

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Hay llantos que no puedes controlar y otras emociones como la ira. Respondes mal, agredes física o verbalmente. Pierdes el manejo de las situaciones con facilidad. 
Cuidado con los pensamientos suicidas. Es cuando se te pone la mente en negro, como una tormenta y comienzas a pensar que el mundo es indiferente sin tu presencia. Pueden ser pensamientos recurrentes con abismos, fantasías sobre como es la muerte o formas de morir. No son tonterías. Hablalo. 
Hay personas que se alejarán de ti mientras vives esto. Ya sea porque los heriste en el proceso o porque no quieren estar cerca, ya sea por lástima, rechazo, aburrimiento o lo que sea. No te aisles. Siempre habrá alguien más que está dispuesto a ayudarte. ¡Habla!
También caemos en la trampa de culpar a los demás por como nos sentimos. Nuestras emociones nos pertenecen. Solo nosotros podemos generar la reacción ante el abandono, la agresión y el rechazo. Y solo nosotros podemos decidir si somos fuertes ante eso y dar una respuesta adecuada, sin caer en la sumisión, la pasividad ni en la violencia. El equilibrio es la clave. Y el perdón te hace mejor a ti que al que te hiere.
Hay miles de cosas que no puedes solucionar. No está en tus manos. Hay que dejar ir personas, situaciones, trabajos. Ellos ya tienen otro ciclo y tu quedaste pegado lastimándote. Fluye para poder crecer. No es fácil pero es lo que hay que hacer.
Hablarlo con las personas correctas puede sentirse como una herida que limpias. Duele. Arde. Quieres parar. Pero es lo único que puede ayudarte a salir. Es complicado porque en muchos casos las personas se vuelven adictos al dolor. Somos seres de costumbres. Y podemos acostumbrarnos a estar en el lado más oscuro de nuestros pensamientos.
No creas que en la depresión solo verás lágrimas. Hay  gente que no las suelta nunca pero hace sus descargas en fiestas, vicios destructivos como el juego, promiscuidad, falsos amoríos, dinero o trabajo en exceso. La necesidad de escapar se les hace urgente y por eso crean una vida que sirva de tapadera.

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Busca ayuda profesional. En muchas ciudades hay servicios de psicología gratuitos. Si no los hay en tu ciudad, acude a un buen amigos, tus padres, alguien a quien respetes. Si te sientes mejor hablando con un sacerdote o pastor, pues adelante. 
Déjate ayudar. La depresión es una enfermedad de la que es poco probable salir solo. No puedes curarte con alcohol, amistades superficiales, dinero, trabajo, mujeres, cigarros, la religión, música, la búsqueda de un mesías en la tierra o drogas. Es como cuando tienes gripe. No se va a curar por sí sola y con un té caliente. Puede hacerte mucho daño. Así como hay gente que logra recuperarse solos, la mayoría no lo logra, y al igual que la gripe, por muy leve que parezca, puede llevar a quien la padece a la muerte.
En terapia tendrás la oportunidad de soltar lo que nunca has expresado sin temor a ser juzgado. Al principio da miedo y es normal. Harás resistencia y es normal. Vas a descubrir cosas que te gustan y otras que no. Y es normal. También es posible que te receten algún medicamento para ayudarte en el proceso de sanación y es normal. No eres un loco o un alma perdida. Eres un ser humano buscando una salida. Como todos. Es normal.
Puedes contar tu experiencia con la depresión en público. O puedes guardartela. Habrá gente que te pateará al verte caído y algunos jurarán que así también ayudan. Busca apoyo solo en quienes te apoyan. Y que, irónicamente, casi nunca exigen nada de ti. Te quieren en la caída y cuando estás en la cima. Ellos son los que aman tu esencia y no lo que tienes.
Aplica tu rutina básica. Sé que no querrás ir a trabajar, bañarte o recoger tu ropa del piso. Pero mantenlo como un ritual. Bañate. Mantén ordenadas tu cosas, así sea a tu loca manera. Vístete y sal. Parecerá una tontería, pero una habitación en orden y limpia, refleja una mente ordenada y limpia.
Abre la oportunidad a personas nuevas en tu vida. 
Aprende algo nuevo, un oficio, una lección en libros, películas o canciones.
Atrévete a hacer algo que te gustaría. 
Una vida abierta es una vida que crece.
Eres un ser humano que no logrará todo lo que se proponga. El universo no conspira a favor nuestro. Acéptalo. Pero cuando ganes, celebra. Aunque sea una victoria pequeña, refuerza tu triunfo con un premio. Así sea una cerveza, un cigarro, un chocolate, lo que te parezca mejor. No prestes atención a quienes creen que es pecado darse un gusto y publicarlo en redes sociales. Esos solo quieren una excusa para juzgar, dividir y odiar. Son tus logros y te pertenecen.
Pero sobre todo, vive.



El aporte de los exiliados


Estoy en el exilio y asumo mis limitaciones. No voy a tumbar a nicolás desde aquí ni tengo fórmulas mágicas para salir del chavismo. Pero algo podemos hacer, unos en mayor medida que otros por la disponibilidad de recursos (dólares y euros) o porque se nos dan mejor unas actividades que otras. Te planteo algunas cosas muy importantes que podemos aportar si quieres mantenerte en la lucha, la resistencia o como quieras asumirlo.


Integrarse: Si queremos destacar en una sociedad, debemos ser parte visible de la misma. No podemos enconcharnos y armar un escudo anti cultural con discos de Guaco y Simón Díaz. Ve a las plazas, museos, apprende la historia y palabras del lugar. Es imposible que alguien entienda lo que quieres contar sobre tu vida o la situación de Venezuela si te empeñas en expresarte de tal manera que solo te entiendan en el Metro de Caracas o en una venta de pepitos en Maracaibo. Es intercambio cultural. Tu aprendes de tus nuevos vecinos y ellos estarán más abiertos a aprender de ti.

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Informar: Estoy harto de que lo primero que te diga un local, al saber que eres de Venezuela es ¡Oh chavez, maduro! Respira hondo, calma la indignación, siéntalo y explicale de mejor manera que sepas, ya sea con chistes, con drama, con datos numéricos, imágenes, videos, con lo que sea, lo que somos, nuestra historia. El por qué somos tantos emigrando. Pero con cosas reales, no con chismes y rumores que te pasan por Whatsapp o webs piratas de Facebook. No seas la tía histérica hiper informadora de pendejadas. Explica cómo funciona el sistema electoral y judicial, por qué maduro SÍ continúa el legado de chavez al pie de la letra y que toda la crisis fue planeada y ejecutada sistemáticamente, qué es la ANC, el por qué mueren niños en hospitales por enfermedades erradicadas hace 40 años, la farsa de los ataques de los gringos, la mafia militar que maneja la importación y distribución de alimentos, el por qué no se produce nada en el campo, los límites a la libertad de expresión, el chiste empresarial que es PDVSA y cualquier empresa nacionalizada en socialismo, el inútil internet, la violencia delincuencial y las muertes o presidio a cualquiera que proteste. Tienes mucho qué decir e informar con responsabilidad. Hablalo en reuniones, bares, universidades, el metro, el bus, en el supermercado. Pero infórmate bien antes de hablar. Van a debatirte coon el cuento de los medios de comunicación imperiales y debes estar preparado.


Cooperar: En Venezuela la están pasando peor de cuando saliste y no importa cuando leas esto. Mañana estará peor seguramente. Muchos no te lo dirán por orgullo o porque temen desestabilizarte, así que mándales algo, en la medida de tus posibilidades, sin necesidad de avisar. Dinero, medicinas, ropa, lo que sea. Hay empresas de envíos que logran pasar medicamentos y cualquier cosa legal que quieras.  Todo sirve. También hay campañas de Crowdfounding para fondos de cirugías y tratamientos médicos. Ayuda a la gente que llega, y yo sé que no se puede ayudar a todo el que emigra porque no todos son buenos. Ayuda a quien te de la gana, pero ayuda. Con información, datos, apoyo moral, algo le puede servir. ¿Por qué callarnos el saber dónde donan ropa para el invierno o dan atención médica gratuita? Vamos, eso nunca nos va a quitar nada, pero nos suma mucho en el alma estropeada por la desconfianza y la inseguridad que traemos de allá.


Dar el ejemplo: Pórtate bien, sé educado, colaborador, amable, con interés en superarte. Pero no para que subas una foto en redes sociales abrazando negritos, eso es patético a mi parecer. Sé un buen un ciudadano, respeta la ley. Sí, te parecen jodidos, pero es porque quieren mantener su sociedad en orden y no quieren un caos a la venezolana. Aprende sobre el bien común, porque si regresas, queremos que se aplique todo eso en Venezuela. Y será bonito, creeme.

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Unirse: ¡Qué cosa tan difícil! No existe en ningún país una organización fuerte que nos represente. Existen micro iniciativas que han hecho aportes importantes pero ninguna resaltante y que logre la cohesión al nivel que lograron en Venezuela con instituciones como la Hermandad Gallega, el club Madeirense y otros similares. Es que hasta para hacer las concentraciones en Puerta del Sol en Madrid se ven las divisiones y es chimbo. Habiendo tantos dirigentes, líderes, gerentes, gente carismática y de buena voluntad. Es una lástima. Sabemos que cada quien va a lo suyo por una cuestión de supervivencia pero ya va siendo hora de unirnos como colectivo. Mientras tanto únete a cualquiera de estas iniciativas que, al menos las que conozco en España, gozan de buena reputación y no tengo objeciones. Y no solo hablo de asociaciones sociales. Participa en las marchas y concentraciones, recogida de firmas, presionar para la apertura del registro electoral sin trabas absurdas para cuando lleguen condiciones respetables. No todo es ponerse la gorra tricolor, la foto y ya. Debemos hacernos sentir. Somos más de 4 millones. Y eso es bastante.


Educarse: No te pido que curses una licenciatura porque no todos pueden, deben o quieren pasar por la universidad, ese paradigma ya es anacrónico. Pero toma un curso, aprende un oficio, en muchos países hay alternativas gratuitas. allí conocerás personas, harás contactos, aprenderás sobre la cultura local. Y todo eso es crecimiento. Evolución. Que si regresas o te quedas, seas una mejor versión de ti.


Evolucionar: Que todo esto que aprendas te haga una mejor persona, más fuerte, más sabio, una referencia en tu entorno. Con una autoestima sólida, resiliente, que te sientas orgulloso de tu pasado y tu presente. El aprendizaje a veces implica llevarse coñazos que causan fracturas en la mente y el corazón, vas a tener pérdidas de parejas, amigos, familiares. Tal vez te den crisis de llanto en tu piso, una plaza o en la cola de migración. Pero a todo eso puedes sobrevivir. Venimos del infierno. Podemos con esto. Fuego.

Migración: Viviendo y dejando vivir



El que se cansa pierde. Y el que no descansa, se obstina, se aburre, y al final, desiste. Miles de venezolanos se encuentran hoy en día en el exilio luego de haber participado en mayor y menor medida en acciones de protesta contra el chavismo en cualquier época. Otros, porque simplemente no soportaron tanta realidad y miseria socialista-militarista y decidieron irse, por supuesto, chavistas incluidos.

Los venezolanos somos muy sociales, somos muy expresivos y comunicativos. Todo queremos decirlo o publicarlo. No es casualidad que, a pesar de tener el peor servicio de Internet de América, somos masivos consumidores y productores de contenido en redes sociales. Y muy poco pudor hemos tenido para compartir lo que se nos ocurra, sea apropiado, grotesco o políticamente incorrecto.

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Es absolutamente normal que los emigrados y exiliados quieran estar pendientes de lo que sucede en el país. Uno se niega a perder el nexo, o como me dice una amiga, te vuelves adicto al estrés de las noticias sorprendentes que mueren en apenas unas horas. Los acontecimientos ocurren, o se divulga que supuestamente ocurrieron, de una manera pasmosa. Todos quieren aportar, hacer algo. Pero también tienen derecho a disfrutar de su nueva vida. Emigrar no es irse de paseo, y bien merece su recompensa. 

Estas consideraciones entran en juego a la hora de decir cómo nos está yendo afuera. He leído como gente se horroriza porque alguien en Madrid decidió ir a tomarse unas cañas con amigo, porque está pasándola bien en algún Starbucks de Australia o fue al teatro en Argentina. Eso no me molesta en lo más mínimo. Al contrario, me gusta mucho saber que tengo amigos y conocidos que lograron escapar del chavismo para vivir una vida “normal”, desprendiéndose de seres queridos, profesión y costumbres. Me gusta cuando publican sus cosas porque me da alivio saber que están bien. Y que hay personas que estimo que logran disfrutar del fruto de su trabajo. Eso no es ningún pecado. 
Como tampoco es pecado que los que se quedan en Venezuela publiquen y hablen acerca de momentos familiares como graduaciones, bautizos, o simplemente un fin de semana en la playa. Eso no los convierte en traidores ni en indolentes. Eso los hace seres humanos como cualquier otro. Hasta los judíos hicieron Bar Mitzvah y matrimonios mientras fueron perseguidos por los nazis. 
Todos debemos asumir nuestras decisiones y situación de vida. Como dije en otro artículo, algunos se fueron queriendo quedarse y otros se quedaron queriendo irse. Todos tenemos derecho a opinar, pero así como pedimos a los que están afuera que exijan a hacer cosas que ellos no harán (porque no quisieron en su momento o porque no pueden), no podemos exigirles a todos que vivan y se expresen solo como nosotros queramos. Eso está a un paso de hacer algo tan idiota como ir a insultar a alguien común y corriente a un restaurante porque no se fue a marchar, o un tuitero que decía que, al terminar esta oscuridad, habría que pedirles cuentas a los que decidieron irse. Eso va al salón de la fama de las estupideces que he leído por ahí. Me recuerdan a los sindicaleros de una empresa donde trabajé, que secuestraban los buses del transporte del último turno para exigir aumentos salariales, sin pensar que entre los afectados no había ningún directivo, solo gente cansada y enojada por no poder llegar a casa. Esa medida nunca tuvo apoyo, y terminó el día en que un sindicalero terminó con dos dientes menos producto de un derechazo. 
Todos suman, no solo a la lucha por ver a Venezuela libre, sino para ver un país sin odios, resentimientos, sin comportamiento “chavista”. Eso tomará mucho tiempo. ¿Por qué no empezar ahora?

Ser Inmigrante

Vainas q aprendí siendo un nómada. Frases sueltas lanzadas en una noche twitera.
Ser inmigrante es la mas grande aventura de mi vida hasta ahora. Para mi significó dejar atrás los miedos y dar un salto de fe. Las aspiraciones y resultados varían para cada quien. Hay quien emigra para buscar la paz que perdió en su país, buscando seguridad o aventura. Y otros que buscan fama o fortuna. Estos últimos son los que menos posibilidades de éxito tienen. Llevan mayor presión y tienden a perder la perspectiva.
El Ser Inmigrante en mi caso me llevo a sentirme mas conectado con mi sangre y mi cultura. Amar mas mi identidad nacional. Nostalgia quizás. Tal vez el añorar esas cosas con las que creciste. Por eso no miente el que dice que el himno nacional suena mas bonito en tierras ajenas.
Ser Inmigrante es como dice Calle 13 “Aprender a caminar sin mapa”. Explorar y estar muy atento en el nuevo territorio. Siempre hay sorpresas. Igual habrá quien te traicione y te menosprecie. Pero también quien quiera darte una mano. Es normal que la gente desconfíe de ti en algún momento aunque creas que son tus amigos. Debes entender que son de otra cultura. Ningún país es igual aunque se parezcan.
 La discriminación también es algo muy normal. Ya sea por prejuicios de las personas o por las leyes de cada nación. Pero igual ya lo era en mi propio país por mis convicciones políticas así que me dio igual. 
 Ser inmigrante es buscar instintivamente a los pares para armar entornos primarios. En mi caso mi refugio fueron amigas como Johanna.
Algo me pasa. Inevitablemente sigo siendo atraído por mujeres con cultura similar a la mía. Destacan venezolanas y colombianas. No me veo empatado con una gringa o una alemana clásica. Son muy diferentes. No son ni buenas ni malas. Solo diferentes
En el aspecto económico,  el error mas común de los que emigran para abrir negocio es creer q el mercado es la misma vaina que en Venezuela. Esos son los q en menos de un año les toca regresar. Sacan unas cuentas locas que si cadivi y tal. Al final, los negocios de venezolanos terminan siendo los mas caros del mercado. Locos. En Panamá y en cualquier otro país es otro idioma, otras reglas y otros códigos. Olvídese de la economía de su país y baile con la que le tocó. Prosperar siendo un nómada, definitivamente no es asunto de dinero. Es astucia, adaptación, inteligencia para aprovechar lo q hay.
La clave es fusionarse con el entorno. Aprender el lenguaje mas q el idioma en si. Los códigos varían. Las palabras y modales adquieren distintos significados. Como un niño debes aprenderlo todo de nuevo.
Ser Inmigrante fue  vencer una d mis mas grandes limitaciones y lograr el máximo reto intelectual y físico al q me he enfrentado: Cocinar.
Migrar es romper la burbuja. Bajarte de una nube donde crees q todo el planeta es idéntico. Nada es como tu país de origen y tu vida jamás volverá a ser como antes. Si la experiencia te hace crecer como ser humano, no volverás a ver la vida y el mundo de la misma forma.
Ser Inmigrante es una vaina q solo entiende el q la vive. Lo demás es pura hipótesis. Es algo para lo q nunca estarás 100% preparado. Es jugar a la ruleta rusa con un pasaporte o una visa. El premio lo construyes tu.