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6 preguntas incontestables para los inmigrantes

Panorámica de A Coruña. Foto: Rubén Villegas.

Todos tenemos amigos y familiares que nos preguntan constantemente cómo es este asunto de emigrar. Es normal, ya que muchos tendrán que hacerlo porque la situación venezolana seguirá cuesta abajo y sin frenos, con ninguna luz en el horizonte próximo. Otros tantos se quedarán y eso no es ni bueno ni malo. Es lo que hay.
Pero hay preguntas que no tienen una respuesta fija, lógica y que solo pueden responderse tomando en cuenta las experiencias y gustos muy particulares y objetivos.
No es que estemos negando la información o porque nos hayamos vuelto arrogantes. Es que sinceramente no sé qué decirles.

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¿Con cuánto se vive allá? Eso depende de cómo quieras vivir. Yo no tengo hijos, ni mascotas. Tal vez tú sí. Yo no tengo ni idea de cuanto cuesta el alimento de las mascotas ni el uniforme escolar. Y no lo sé porque no he tenido necesidad de averiguarlo.
Tal vez a ti te guste tomarte una cerveza todos los fines de semana. Tal vez quieras vivir en un apartamento y no en una habitación. Tal vez quieras comprar un automóvil. Tal vez no te guste viajar solo por el placer de tomar fotos y pillar únicamente los sitios donde no necesitas pagar entrada. 
No sé qué te gusta comer. No sé cuánto te gusta comer. No sé si estás dispuesto a modificar tu nutrición. No sé si te gusta cocinar. No sé si te gusta vivir en una ciudad grande. No sé de qué vas a vivir cuando estés aquí. No sé cuánto dinero traes y tampoco voy a preguntarlo.
Es una pregunta con demasiadas variables como para escribir un mensaje de texto explicándolo. SInceramente no sé qué decirte. Te puedo decir algunas cosas concretas que hago. Pero tampoco sé si estás dispuesto a vivir como yo.


¿Cómo es la gente? Pues a mi me parecen amables. Jamás he tenido un episodio de xenofobia ni nada parecido. Pero yo no sé cómo reaccionarás con ellos al escuchar su acento, sus palabras, expresiones, costumbres. Ni hablar de estándares de belleza física o vestimenta. No sé qué esperas de la gente.
Te puedo contar cómo son mis amistades acá. Pero ellos no representan a la totalidad de la población. Y no sé si te caerían bien.


¿Se vive bien? Volvemos a la primera pregunta. Yo siento que vivo bien. ¿Puede mejorar? Claro. Pero no sé qué aspiras de la vida para vivir bien a corto, mediano y largo plazo.
Hay gente que quiere emigrar para hacer dinero, por ejemplo. Yo les sugiero que vayan a Perú, Chile, México o EEUU. En España es una apuesta al largo plazo. A la vejez. Llegar a viejo y tomar el transporte público a las 2:00 am luego de estar en un bar con los amigos. Eso no necesariamente lo obtienes con dinero porque depende de los niveles de inseguridad y calidad de los servicios públicos. Solo tú puedes definir lo que es la calidad de vida según tus estándares.

¿Cuánto necesito para ir? Parecido al resto. Depende de cómo quieras vivir. Depende de cuánto tardes en conseguir trabajo. Depende de tu capacidad de ahorro. También de si tienes la nacionalidad y un permiso de trabajo o residencia.


¿Es fácil legalizarse? No lo sé. No conozco tu situación ni tus antecedentes. No sé si te vas a enamorar con un nacional. No sé si tienes antecedentes penales. No sé cómo está tu pasaporte. 

¿Es fácil conseguir trabajo? No tengo ni idea de lo que estás dispuesto a hacer para generar ingresos. Tal vez de todo. Tal vez nada. No sé qué tanta paciencia tienes. No conozco tu capacidad de aprendizaje en entornos nuevos. No sé si tienes habilidad para tejer redes sociales. No sé si te vas a intimidar aquí. No sé que tanta resistencia física y mental tienes. No sé si quieres estudiar una carrera, un oficio o hacer cursos. NO sé cuántos idiomas hablas. No sé...

El dilema de regresar

Aterrizaje. Foto: Ruben Villegas

Más allá de la nostalgia, el intentar recuperar una zona de confort, o como un acto de fe, el regresar a Venezuela supone un ideal para la mayoría de las personas con quienes he tocado el tema.
Siempre se comenta la posibilidad de montar un negocio allá, comprar una casa, un carro y todo ese guión que se impone a quien aspire llenar un parámetro de éxito.
Pero eso es el caso de los demás. Yo quiero hablar sobre lo que yo veo en este asunto.
Considero que hay que separar la emoción de la evaluación de los hechos. Tal vez muchos migraron a países que no eran su primera opción ni su ideal. Pero muchos otros evaluaron cuidadosamente las posibilidades de obtener residencia, trabajo, clima, seguridad, educación entre otros.


En este sentido, evalúo el volver a Venezuela como si fuera otro proceso migratorio. Lo es porque esa Venezuela a la que hipotéticamente volveríamos no es la misma ni se parece a la que dejamos atrás. Tendrá otro contexto, problemas, dificultades y circunstancias que enfrentar.
Imagina que el chavismo en el poder cae mañana. Qué chévere. ¿Venezuela será un lugar ideal para vivir de inmediato? No. A mi parecer en este punto tomará años. Consideren que todo el aparato productivo, económico y social está en una decadencia y destrucción, que según otros antecedentes de recuperación como los casos de Singapur, Alemania, España, Italia, Portugal y Japón tardaron más de veinte años en concretarse. 


¿Quieres ser parte de esa aventura de la reconstrucción del país? Muy bien, te felicito, adelante. Yo, particularmente no siento motivacion actualmente para eso. Aunque tal vez cambie de idea en un futuro.
Además tendremos una sociedad marcada por el resentimiento y la ausencia de justicia.
¿Qué pasará con las fuerzas armadas y la policía? 
¿Qué pasará con lo robado?
¿Habrá justicia para los asesinados?
No me digas que después se verá eso porque me molesta mucho. Todas las veces en que los venezolanos como masa hemos tenido esa bendita frase en la boca, se han provocado graves crisis que van desde la guerra civil hasta la ascensión del chavismo al poder. La improvisación es una pésima idea. Tengo pruebas y no tengo dudas.


No hay que olvidar dos aspectos clave. Una gran parte de la "oposición" mantiene la tesis del perdón y olvido para crímenes del chavismo. Permitir su existencia y darles voz y voto para "reconstruir y reconciliar".
Por otra parte, el chavismo se hizo de cantidades astronómicas de dinero. Está en todas partes. Tiene miles de socios con alto y bajo perfil. Creo que nunca sabremos todos los nombres. Y esa gente, gracias al dinero, seguirá teniendo influencia en la política, medios de comunicación, militares y otros delincuentes como malandros de barrio y cuerpos policiales.


No me extrañaría para nada que estos mismos inicien una gran campaña de rechazo a los que emigramos tildándonos de traidores y cobardes, como he visto algunos amagos en redes sociales. Están calentando el brazo y creo que la estrategia va por allí. Son expertos en gobernar en el caos, la división y tienen listos diversos escenarios para manejarlos.
El chavismo seguirá si no se le persigue como se hizo con el nazismo y como se condena el comunismo en Polonia y Ucrania. Si jugamos al país de los ositos cariñosos de un día para otro, en realidad no cambiará mucho el escenario.
El tema de regresar será un profundo dilema, un problema y algo que bajo esas circunstancias, para alguien como yo que no tiene peso económico ni amistades militares o en el chavismo, será algo descartable.

Yo no extraño a mi país

La madre del emigrante. Gijón, España.

Sí, es mi caso. Seguramente muchos de quienes me siguen extrañan las playas o Mérida, y eso está muy bien. Pero yo no añoro a Venezuela como tal por circunstancias muy particulares. Extraño el cómo me sentía con los míos, independientemente del lugar donde estábamos o visitábamos. Ellos eran quienes impulsaban mi apego, mi sentido de pertenencia. Y ahora ellos tampoco estarán allá en el corto plazo. No sé si volveremos a vernos en Venezuela algún algún día. Pero siempre los llevaré conmigo.

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La presencia es insustituible. La pantalla es un placebo. Una solución que no es ficticia pero que alivia un poco. Pero no hay olor ni sonidos de respiraciones, ni gestos o tics que nos digan más de lo que leemos. Es sólo un visor a la dimensión paralela que no queremos sacar de nuestra vida. Los que se quedaron o tomaron otros rumbos.
Escribí un libro sobre venezolanismos, El orígen de palabras y expresiones venezolanas, y es normal que les parezca contradictorio el hecho de no extrañar a Venezuela como lugar a pesar de escribir sobre eso. En realidad extraño a la gente cercana que usaba esas expresiones. Me gusta escribir sobre las personas. Mis personas.

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No puedo extrañar un país que sinceramente siempre ha estado en decadencia. No extraño a los motorizados haciendo lo que les da la gana. No extraño el culto militar. No extraño a los policías o GNB por quienes me tomo una cerveza cada vez que fallecen para ligar que el infierno realmente existe y ellos estarán allí por todo el mal que siguen causando. Sí, sus muertes son motivo de celebración. Y no lo lamento por sus familias. Son un mal menos en el mundo. No extraño la basura regada en las calles por la desidia de mandatarios y mala educación del "pueblo". No extraño el pésimo sistema educativo. No extraño tenerme que meter el teléfono en las media para que no me roben. No extraño la sensación de recibir una llamada o mensaje a medianoche con el temor de que sea la noticia del asesinato de uno de los míos. No extraño el viajar a otra ciudad e autobús con el temor de un accidente o un atraco masivo. No extraño desconfiar del que viaja a mi lado en el metro. No extraño tener que regresar a casa de madrugada con los nervios de punta. No extraño a los funcionarios públicos que te tratan como basura. No extraño a los vecinos que les vale verga tu paz cuando les da la gana de poner reggaeton y vallenato tres días consecutivos. No extraño que se me vaya la luz. No extraño bañarme con tobos de agua. No extraño tener que ir a un hospital con más miedo que a la muerte misma. No extraño el discursito socialista y populista de políticos del gobierno y oposición. No extraño el borreguismo de idiotas que quieren vendernos a chavistas como simpáticos, ocurrentes e inocentes. No extraño toda esa enorme cantidad de cosas que nos llegaron y creamos, que ahora nos convirtieron en migrantes desparramados por el mundo.

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No, no quiero que Venezuela el país de antes. ¿El de antes de qué? ¿Antes del chavismo? ¿Antes de los adecos y copeyanos? ¿Antes de la peste militar de principios del siglo XX? ¡Antes de la guerra Federal? ¿Antes de La Cosiata? ¿Antes de la Independencia? ¿Antes de Colón? ¿Antes de las masacres entre los Caribes y el resto de los Arawacos?
No, me niego a querer algo de eso. Porque todo eso nos trajo hasta aquí. Y yo quiero romper con todo eso que eramos y somos. Por la misma razón que no quiero volver con mis ex, solo porque la actual me hizo algún daño.
Quiero ver gente emprendiendo y libres para hacerlo. Quiero que tengamos una educación que nos prepare para la vida y donde la evaluación y contratación de profesores sea la más estricta de América. Quiero poder tomar fotos de mi ciudad natal con mi teléfono cuando yo quiera. Quiero que la plaga militarista sea borrada del mapa y no volver a hablar de ejércitos ni fuerzas armadas; quiero que todo eso sea abolido y castigado debidamente. Quiero poder viajar cuando me plazca. Quiero ver un partido de futbol y beisbol sin tener la eterna duda y sospecha de que todo fue arreglado y comprado o que sus fondos son de origen oscuro. Quiero una sociedad que vea más allá de existir para tener hijos, hijos y más hijos sin ver si pueden darles calidad de vida. Quiero arte y cultura libres, y no una cuerda de vagos y mantenidos haciéndose llamar artistas para que el estado les costee sus cervezas. Si vamos a hacer artes, al menos hay que tener las bolas de hacerlo rentable. Sino, pues que sea un hobbie. Como en mi caso.
Quiero que seamos reconocidos por logros como personas y no como sociedad. Y no por accidentes geográficos ni asuntos subjetivos de estética corporal. 

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Quiero tantas cosas y que para bien y para mal, he hallado en otros lugares... 
Como verás, por eso algunos dicen que soy un pésimo venezolano. O que quien no quiere a su patria no quiere a su madre. Ahí me perdí. En el hilo argumental entre el culo y las pestañas para ser exactos.
Pero es lo que tenemos. Y esto es lo que quiero. 
Pido demasiado.
Lo sé.

La carga mental de cada día. Cada género con su cruz

El baile. Salvador Dalí. 
Todos llevamos una cruz por ser hombre o mujer. Y también somos la cruz de alguien. La mayoría de las veces, sin saberlo. Incluso quien nos carga como cruz, tampoco lo sabe, por lo general. 
Muchas veces he cometido el error de delegar control sobre las cosas que no comprendo, no soy bueno haciendo, no me gusta hacer y que sinceramente, hago solo por supervivencia. Cocinar es una de ellas. Mi eterno talón de aquiles y por el que he hecho muy poco por solucionar. No lo disfruto. Ni siquiera cuando lo he hecho bien.
Más allá de disertar si es necesario que aprenda a cocinar más cosas, aunado al hecho de ser inmigrante, que puede llegar a convertirse en un oficio, o que los varones de mi familia sean buenos en este arte (incluso los más pequeños), creo que es un asunto de delegar una cruz. Mi cruz.

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Por lo general he delegado esa cruz a personas que sí lo dominan y lo hacen bien. Nunca le he espetado a alguien que no me gusta su comida por el hecho de saber que hacen un enorme esfuerzo y aplican un talento que estoy lejos de tener. No es que me conforme. He tenido suerte de rodearme de personas que son buenos en eso.
Entonces espero ser de ayuda en algo que me pidan. Erróneamente lo miro así porque en realidad no es una ayuda a esa persona. Es mi comida. Algo de lo que también me beneficio. Me ayudo es a mi mismo. Pero esto lo racionalizo escribiendo, no en la cocina.
Al cometer este error de vida cotidiana, delego esa carga mental en la persona que me acompaña. No sé si hablar de un asunto cultural, porque veo este rasgo es culturas occidentales y no occidentales. Así que es más un asunto humano.
Los hombres por lo general tenían la tendencia a delegar las funciones del hogar para concentrarse en la carga mental de ser proveedor.
Muchas cosas han cambiado el tablero y hacen que esto ya no sea generalizado. La integración de la mujer al mundo laboral y el control que ejercen sobre su maternidad. La migración en solitario. El derrumbe de estereotipos de comportamiento masculino. Y así un montón.

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Transferimos en nuestras parejas o acompañantes el mantener el orden en el hogar. Ya sabemos que esta dinámica ha cambiado con los años. Pero ciertas taras se mantienen.
El ego nos empuja a mantener ciertas posturas sobre el cómo queremos vivir. Yo sigo delegando el control de la cocina porque en mi ego es suficiente romperme la cabeza generando dinero. Como yo me jodo trabajando, que cocine la otra. El asunto es que la otra también trabaja. ¿Quién hace mayor esfuerzo? No lo sé, depende de tu realidad particular.
Por un lado, las mujeres han tenido la tendencia a buscar mantener el hogar en orden. Y el hombre es un proveedor. Y siendo amable o moderno, un ayudante.
Para mí, el pasar una escoba, aspirar, lavar, recoger el desorden, es ayudar a mi pareja. Y no, porque esa ropa que se lava también es mía, son mis pies los que pasan por el piso sucio y el desorden seguramente también cooperé para causarlo. Pero como soy romántico, prefiero decir que ayudo en las tareas de la casa. Aunque sea un pésimo concepto.

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Eso sí, voy a las tareas específicas. Si lavo es eso. No implica que también ordene el trastero donde se cuelga la ropa. Si paso una escoba, no implica que limpie los vidrios. Y menos los de aquí que parecen un juego didáctico donde hay que mover 3 capas de vidrios. Es una ladilla total pero alguien tiene que sacar medio cuerpo hacia el vacío hacerlo. Un superhéroe ayudante. Como yo. No todos los héroes llevan capa pero me vendría bien una por si un día me caigo y me sirve de paracaídas. Y así mi ego se infla un poco más y se satisface. Ayudé. Alaben al héroe y dadle una cerveza fría.
Es héroe se centra en tareas concretas y específicas. Olvida ver el conjunto de cosas que arman el sistema de mantener la casa en orden. Como cuando Iron Man acaba con media ciudad, afectando hogares, puestos de trabajo y servicios públicos para acabar con sus enemigos pero olvidan que ese desastre alguien debe arreglarlo. Pero el héroe no limpia. Y punto. 

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Hasta que nos lo pidan. Si no lo piden, la culpa es de ella que se satura. Se satura porque quiere y es una neurótica que amaneció con el culo desarropado. No es porque espera un poco de proactividad. Son nociones aprendidas. No nacimos así. Las vimos, nos pareció bien y las reproducimos.
De la misma manera como aprendimos que debo ser el proveedor, el que más gana dinero, el que resuelve y consigue todo. El plomero rescatador de princesas. El que mantiene la calma para encontrar una solución. El que no tiene tiempo para ponerse a reflexionar sobre la vida. Y no hablemos de conmoverse. Eso implica una falla de testosterona grave y anticonstitucional. Ni hablar de pedir ayuda. ¡Por Dios, que falta de hombría es eso de pedir auxilio con lo que no sabemos resolver o identificar! Los que piden direcciones en la calle o no saben por qué amanecieron tristes o que no pueden subir seis pisos con un sofá de IKEA a cuestas deberían tatuarles un letrero de discapacitados en la frente. Y sobre sexualidad ni hablar ¡eh! Uno fija el objetivo, ataca, satisface, cumple y punto. Sino, un balazo y pal rio. Esa es nuestra carga mental. Puesta por nosotros mismos y reforzada por mujeres y hombres alrededor. Nuestra cruz. Y pesa. Parecerá una tontería pero es bárbara.

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Tal vez nos la tomamos muy a pecho pero no es casualidad que los hombres sean mucho más propensos a desarrollar enfermedades mentales como depresión, esquizofrenia, ataques de ansiedad, entre otras, y que después desemboquen en temas que van desde la alopecia, disfunción eréctil y trastornos de sueño hasta infartos fulminantes y paros respiratorios. Por supuesto pasando por el suicidio en especial después de los treintas. Solo en España, y no hablo de Venezuela porque sabemos que en los países bajo socialismo nunca se divulgan cifras reales aunque sabemos que debe estar en cotas históricas, la tasa de suicidios entre hombres llegó a 74,5 % frente a un 25,5 % de mujeres según este artículo. Situaciones que se disparan en la mayoría de los casos por esa presión que nos metemos. En cuanto al método, eso de meterse pastillas es muy Delia Fiallo, lo de nosotros es la sangre, el gore y el drama colectivo. Balazos, ahorcamiento, caídas al vacío y trenes. Morir como un hombre. Para nosotros es ganar o morir. Literalmente. Por el ego.
Sabemos que el mundo ha cambiado y muchos patrones de conducta se van disipando. Pero hay que hablarlo con quienes compartimos la vida. No solo con nuestras parejas. Allí entra todo nuestro entorno Esperamos demasiado de los demás. Aprobación y que satisfagan nuestras expectativas principalmente. Burbujas de ego que terminan por lastimarnos a la larga. Somos lo que somos y los otros son lo que son. Los cambios dependen de sus propias decisiones basados en lo que ven en el ambiente. No quisiera seguir asumiendo que el otro se de cuenta de lo que me pasa si no se lo digo. El otro no puede asumir que yo haga algo de lo que ni siquiera soy consciente. Nadie te debe nada por compartir su vida contigo. Lo que te de es porque quiere, o al menos es lo ideal.
Hasta aquí por hoy, que este estacionamiento no se vigila solo.

Y si regresamos, ¿qué aportamos?



Existen cientos de guías en internet sobre qué debes aprender cuando eres inmigrante. Yo mismo he escrito varias. Algunas las he cumplido cabalmente y en otras he fallado de forma escandalosa. De todas he aprendido. Pero ¿qué podemos enseñar y aportar en caso de que regresemos?
Estamos regados en muchos lugares del planeta y de cada uno podemos recoger cosas muy positivas. Por algo nos vinimos para acá. Obviamente porque están mejor que nosotros en muchos aspectos que nos interesan. Y lo más sensato sería tomar nota de eso. No en todos los países se cumplen todas estas anotaciones, porque lógicamente todos tienen sus propios defectos y pecados. Ningún país, nada que sea humano, es perfecto. Esto es un recopilatorio de lo que he visto en persona y a través de gente que aporta cosas positivas en internet.


¿Qué aprendes siendo emigrante y puedes aportar si regresas algún día?

Libre mercado. Solo la ley de oferta y demanda, el mercado, puede regular precios. No el gobierno.

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Respeto a las leyes de tránsito. Ser motorizado, conductor o peatón no te da licencia para pasártelas por el forro. Pregunta en Londres qué pasa si te comes la luz.

La corrupción burocrática no es ayuda. Solo crea mafias que tarde o temprano perjudican a todos. Incluyéndote. ¿Has podido conseguir un contacto en alguna oficina de migración de Canadá para que te saquen tu visa de trabajo rápido? Pues eso.

Los policías y militares deben respetar a los ciudadanos. Y si son figuras temibles deben ser encarcelados.

La libertad de expresión no es negociable. Sí un medio, periodista o ciudadano común no te agrada su opinión, lo ignoras y ya.


Aprender un oficio puede llevarte al éxito tanto como una carrera universitaria. Los que vivimos en Europa lo sabemos muy bien. Saludos a todos los ingenieros, abogados, contadores, maestras, etc que ahora son chefs y bartenders bien cotizados en Panamá, República Dominicana, Chile, Perú, EEUU, Irlanda, Inglaterra, Francia, Italia y España. Gente como ustedes entendió el mensaje.

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Detección de comunistas, chavistas y demás chulos o saqueadores apenas abren la boca.

Si los jubilados viven bien y los jóvenes pueden viajar o irse a vivir solos generando su propio dinero, entonces vamos bien.

El gobierno no te debe nada solo por ser de tal país. Hay que buscarse la vida.

Decir adiós y hasta luego. Aprendemos a dejar ir y quedarnos solo con lo que es útil.

Un militar con poder es la peor idea que se te puede ocurrir.


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La puntualidad es obligatoria y muestra respeto al otro. Ser impuntual no te hace creativo ni te da importancia. Solo te hace ser un mmgb. ¿Han sancionado a alguien por eso en una empresa o cancelado una cita en el país que te recibe? ¿Por qué esa tiranía?

La enseñanza de ciencias, economía, humanismo y civismo son pilares de un sistema educativo.

Hay un montón de gente rara leyendo libros en el Metro de tu nueva ciudad. Pregunta por qué.

Los maestros y profesores de todos los niveles deben ser evaluados constantemente.

Debes aprender a hablar al menos un idioma, aparte del español. Lo lamento si leiste esto después de la entrevista de trabajo.

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El estado es el peor empresario que existe. El estado no necesita ser competitivo. Solo recauda y reparte. Por ende puede darse el lujo de no innovar ni ser creativo. Y más temprano que tarde convertirá todo lo que toque en mediocridad. Cuenta la cantidad de empresas con tecnología de punta en manos de funcionarios públicos en el país que vives. ¡Ah! ¿Viste?

La anarquía y la violencia no son normales. Ni siquiera en la tribuna de un estadio. ¿Qué pasó la última vez que alguien lanzó un vaso de cerveza en Fenway Park? Ah bueno.

Es bueno saber el origen de todo. Incluyendo el dinero que te regalan o el beneficio que disfrutaste. No existe lo gratis.

Cuando un gobierno cierra un negocio, no es justicia. Pierden todos. Incluyéndote.

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Tener playas bonitas no sirve de nada. La industria turística genera empleos y prosperidad. A los turistas se les debe tratar con respeto. Así como querías que te tratasen la primera vez que llegaste a Madrid.

Ser emprendedor, creativo y exitoso es bien visto. Y no, no están obligados a compartir el fruto de su esfuerzo contigo. Ser rico no es malo. La envidia y el robo sí lo son.

Un inmigrante debe aportar a la sociedad que lo acoge. Con trabajo y buen comportamiento.

Ser simpático o carismático no es suficiente para votar por alguien. ¿cómo son y cómo son percibidos los líderes políticos de tu nueva casa?

Que hayas leído o visto algo en Internet, en especial en Facebook, Twitter o Whatsapp, no quiere decir que sea cierto. Hay que investigar para poder opinar, condenar, alabar o cualquier cosa.
Un inmigrante con conocimientos académicos y de oficios siempre es un recurso aprovechable. Hay que generar condiciones para que aporte con lo que sabe. Los gringos los hicieron durante y después de la 2da Guerra Mundial (caso Einstein por ejemplo) y Singapur tiene una política de contratación de profesionales en tecnología muy interesante.

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Las mujeres y los hombres pueden ir vestidos como quieran en el espacio donde puedan sin que eso signifique amenaza para ellos o tus creencias. Y mira que en verano se ve cada cosa en la calle...

Nadie está obligado a tener tu religión ni la de la mayoría. Estado laico.

Los chistes sobre inmigrantes al final se devuelven. El hecho de que antes no sabías que había una palabra llamada xenofobia, no quiere decir que no existía o existe como hecho.

Lo que hagan tus mascotas es tu responsabilidad. Carga tu bolsa de excrementos si los paseas y adiéstralos. No te hagas el loco. Conoces muy bien las multas de tu ayuntamiento por ese detallito.

Cada quien tiene su guión de vida. Tener 30 y no querer casarte o tener hijos no te hace menos humano. Vive para tí.

Ganar miss universos no es un mérito social. Ser reconocidos por generar conocimiento para el bien común, sí lo es. ¿Ya sabes por qué son reconocidos tus nuevos vecinos?

No, no eres hijo de Bolívar y nadie te debe nada por eso. Eres hijo de tu mamá y tu papá. Entérate.

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Ponte tus audífonos para escuchar tu lírica única, original y diferente. Me molestaría enormemente tener que escuchar tu bendito Concierto para violín en Re Mayor, Op. 35 de Tchaikovsky a todo volumen en el tren de los Valles del Tuy mientras tarareo a Pastor López en mi mente para alinear mis chakras.

Si no lo haces en ese país siendo inmigrante y ves que las cosas funcionan, no lo hagas si regresas. Es como si fregases los corotos en casa ajena, pero te meas en la sala de tu casa. Vainas de locos.
Hay un mundo enorme y hermoso más allá de la Autopista Regional del Centro que espera darte excelentes lecciones con mucho amor o a carajazos. Abrázalo.
Hasta pronto, que estos baños del centro comercial no se van a limpiar solos.

¿De qué hablamos los inmigrantes?


Hace unos días rectifiqué sobre lo que dije, que al emigrar cambiamos unos problemas por otros. Sigo creyendo que eso no es del todo cierto. En realidad seguimos llevando a cuestas muchos asuntos por resolver en nuestros países de origen. Y esa realidad también cambió. Ahora llevamos asuntos de otros países donde quizás nunca hemos ido pero tenemos familiares y amigos allí. Por ejemplo, yo nunca he visitado Perú, Ecuador, Argentina o Chile pero ya tengo algunas nociones sobre tasas cambiarias, leyes migratorias y tendencias políticas en auge. Entonces el terruño no era importante para mí. El Salto Ángel, las playas, y todo eso me resultan irrelevantes porque mi foco eran los seres con quienes compartía. Y al no estar ellos allí tampoco, pues todo para mi, queda claro.

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Nuestros problemas son muy particulares y hacen que nos enfoquemos en otras cosas. Incluso si el bombardeo informativo en nuestros nuevos hogares se empeña en hacernos ver otros temas.
Si te vas a Europa, lo normal es el debate social sobre feminismo, reconocimiento de derechos civiles a LGBTI, medio ambiente, inmigración musulmana y africana, el coqueteo con la izquierda o derecha extremas, los realities faranduleros, fronteras, subidas o bajadas del Euro y la hegemonía rusa, entre otros. 
Si te fuiste a EEUU, la conversación gira en torno a los impuestos, Trump, inmigrantes ilegales, Trump, feminismo, Trump, las multinacionales de comunicación, Trump, entre otros Trumps.
Los que se fueron al sur de América lo que oyen es sobre subida y bajada del dólar, déficit fiscal y populismo.

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Nosotros venimos de hablar sobre buscar comida y medicamentos, las colas inmensas e interminables para conseguirlos, el apartheid político que implanta el chavismo como parte de la receta marxista, que fulanito se murió porque no consiguió el tratamiento, que el policía o el militar anda amenazando a la familia y hay que pagarles vacunas, los malandros que mataron a nuestros conocidos, amigos, familiares y parejas, que los chavistas andan viendo donde más joder al que no han jodido, o qué medida soviética implantan para cerrar cualquier ventana a la libre expresión y protesta. Entre otros. Sacando por supuesto el tema de las propuestas opositoras en todas sus tendencias que a esta hora están totalmente paralizadas, por lo que se convirtieron en irrelevantes.
Sí, venimos de ser jodidos horriblemente por la izquierda. Por el marxismo en su empaque  mercadeado exclusivamente para latinoamérica: Caudillismo, populismo, ser rico es malo, el empresariado y los comerciantes te explotan mientras "Solo el caudillo salva", ser pobre es ser honesto, digno e inocente, la verborrea ecologista mientras acaban con el Amazonas y el acceso al agua potable depende de camiones cisternas, y otros cuentos que tu y yo conocemos.
No es que seamos indolentes ante todos esos temas que se hablan en nuestros nuevos destinos. Es que estamos contaminados y traumados (eso se lee muy dramático, lo sé) por cosas que subjetivamente nos parecen más graves.

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Que se entienda que no haré activismo ecologista, feminista ni pro LGBTI, ni pro nada cuando sus discursos y voceros se ponen sus franelas del Ché, nos hablan de "igualdad a juro", limitaciones a la producción, eliminación del libre mercado, creación y posterior reparto arbitrario de la riqueza (de los demás por supuesto) o se toman fotos con personajes que vimos llegando por la rampa 4 de Maiquetía para tomarse su gran foto sonrientes y prósperos con chavez y maduro, vendiéndose como antisistema, siendo cómplices del sistema con mayor cantidad de asesinatos y producción de pobreza de la historia: El marxista en todas sus vertientes.
Aunque luego siempre tengan a "su vieja confiable" cuando todo se derrumbe: Es que eso no era verdadero socialismo.
Aguantar, respirar calmadamente, contar hasta diez para evitar que e puño se vaya directo a la jeta de quien suele decir esto, ya es un mantra. Uno es civilizado y hay que controlar los impulsos. Orden y decoro.
No, y no voy a disculparme. No puedo tragarme esa vaina. El empaque es distinto pero el contenido lo conozco. Tengo 20 años viendo a mi país ahogado y enfermo con eso.

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No es indolencia nuestra. No es que no nos importen esas luchas. Algunas me parecen justas, otras no. Es que ya esa historia la conocemos. O estamos pensando en otras cosas. Nos preocupan más las mujeres que mueren en los hospitales, el nulo acceso a los anticonceptivos o productos de higiene personal, así como que sean usadas como moneda de canje entre delincuentes, policías y militares, las son presas políticas, las que han sido asesinadas por salir a protestar contra el gobierno, que una propuesta a la RAE para que se cambien los artículos y adjetivos universales porque son "machistas", algo con lo que, dicho sea de paso, no concuerdo. 
Nos preocupa más ver como nuestros familiares se ven cada vez más delgados la enorme dificultad para conseguir un pasaporte y lograr sacar a un ser querido de Venezuela, con lo que le estaríamos robando una vida al chavismo y al marxismo, que la cantidad de africanos llegando a las costas de Europa.

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No puedes convencerme sobre la maldad de los alimentos transgénicos (cosa que no me parece fundamentada y de la que hablaré más adelante) y las multinacionales, cuando vi como la agricultura de mi país fue arrasada bajo esta bandera para luego favorecer a mafias exportadoras y que ejercen el control social por medio del hambre.
Nos devanamos el coco pensando en cómo evitar ser deportados, sacar nuestros papeles de residencia legalmente y conseguir un trabajo que nos alcance para vivir en un nivel insoñable en comparación con Venezuela que. ¡NO!. NO SOMOS INDOLENTES. NO es que nuestro mundo se hizo minúsculo. Es que tenemos la cabeza en otra cosa. Es un asunto empático.
Como cualquier ser humano nos afectará más lo que tengamos en las narices y no la bajada de precios del maní en Timbuktú.
Nos encantaría tener más espacio en la cabeza para pensar en internet libre, protección animal, aborto, matrimonio LGBTI, derechos garantizados para hombres y mujeres por igual y esas cosas que inspiran y que suceden en Islandia, Noruega o Suiza (que no, no son socialistas. Ni de vaina).
Esas luchas de las que no me siento incluido por andar en otras, no son triviales. No me ofenden. No buscaré censurarlos porque creo en un mundo libre que no existe en los países que esta gente que no comprende nuestra lucha, idealizan sin ninguna base histórica (Cuba, Nicaragua, Venezuela, Corea del Norte, Rusia, Irán). Quizás coincidamos en otras cosas, o en otros rumbos. 
Eso no quita que queremos participar. Queremos integrarnos. Queremos aportar. Queremos que nuestros nuevos hogares se mantengan así o sean mejores. Pero lo haremos desde nuestra experiencia. En los puntos que más nos duelen. Y en nuestros términos.

Las trampas de la soledad

El silencio luminoso. Edward Hopper.
Emigrar es una aventura en solitario, no importa si te llegas a tus hijos, pareja, al perro, al gato y al morrocoy. O si estás con amigos, o si de inmediato conseguiste el trabajo de tus sueños con colegas y uno que otro paisano con el que conectaste. O si, por el contrario y como una gran parte, te tocó llegar solo, sin conocer a nadie, y muchas veces, sin conocer el idioma o dialecto local.


El asunto es que en realidad se está solo, o tenemos la sensación de soledad, cuando nos vemos fuera de nuestra zona de confort, de nuestro espacio seguro, aunque ese espacio seguro sea un barrio de Mariara. Hablo de la seguridad de moverte dentro del espacio que conoces, que te hace sentir cómodo, incluso ante todas las desgracias y limitaciones que hayan en nuestro lugar de origen.

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Esto nos lleva a caer en lo que llamo las trampas de la soledad, que son baches donde nos quedamos pegados por gusto, sin hacer el mayor esfuerzo por salir, porque amamos ese bache y dependemos emocionalmente de él. La soledad es adictiva, nos crea la ilusión de que estamos mejor si no nos arriesgamos al contacto externo que puede herirnos. Poniendo una coraza en lo que tenemos, sin compartirlo. Solos pero sin crecimiento. Pasmados.


Nos aferramos a amistades: Pensamos que posiblemente sean los únicos que vamos a conseguir en el mundo. Son personas importantes y no vamos a dejarlos de lado. Pero están en otro lugar, siguiendo con sus vidas. Extrañarlos es normal, hablar con ellos y preocuparnos por ellos es normal y sano. Pero la trampa comienza cuando renegamos de conocer otras personas y ampliar nuestro círculo social.


Mantenemos relaciones a distancia: Sé que es chocante, pero no todos vamos a lograr traer a nuestras parejas a un nuevo país. Hay gente que podrá hacerlo y es muy emocionante ver esos reencuentros. Pero la mayoría no lo logrará. Esas relaciones en realidad terminaron el día que te montaste en el avión o en el autobús. Es hora de sincerarse y quedar como buenos amigos. Aceptar que tendrán destinos distintos. Y sobre todo, descubrir que alguien más puede amarnos y desearnos. Sí, es absolutamente posible enamorarse más de una vez, en distintos niveles y formas. De eso hablaremos otro día.

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Asumimos problemas que escapan de nuestras manos: Esto pasa cuando somos el referente fuerte de nuestra familia o círculo social. Queremos resolver todo como cuando estábamos en nuestro país pero no va a ser igual. Esto nos llena de ansiedad y estrés innecesarios. Obviamente está muy bien que quieras ayudar a los tuyos, con dinero, consejos y cariños, pero la migración no es cualquier cosa. Tienes problemas nuevos en una vida nueva que debes resolver en algunos momentos, de formas no convencionales para tí y eso debería ocupar tu mente. Es hora de enseñarle a tu gente a resolver sus problemas sin ti. En el camino todos crecerán y en el futuro te lo agradecerán.


Aislamiento laboral: Ya no eres el jefe, ni el ejecutivo, ni el más eficiente de tu oficina, y ahora nadie te conoce. Aferrarse a tu antiguo status no tiene sentido y puede llevarte a que quedes aislado laboralmente si no asumes que estás en un nuevo contexto donde lo importante es sobrevivir. Es cierto que en algunos países puedes lograr mantener tu oficio, pero en la mayoría no.


Lo nuestro es lo mejor y punto: Nos aislamos creyendo que la única comida sabrosa son las hallacas, las arepas y las empanadas con guasacaca. Que las únicas mujeres bonitas son las venezolanas (mano, conozca a las ucranianas y después hablamos) y que el único país bonito es Venezuela. El mundo es tan grande o pequeño según el tamaño de tus prejuicios y miedos. Comparar es estúpido, los patrones de belleza son subjetivos, amplios, infinitos. Incomparables. Es hora de hacer amigos locales y probar su comida, sus bailes, sus tradiciones y quedarnos con lo que nos guste.  Date una ducha y sal a conocerlos.

Migración: Lo que ganamos y lo que perdemos

Puente en la frontera de Venezuela - Colombia. Foto de Cristian Garavito
Todo el que se ha montado en un avión, autobús o lancha para irse de Venezuela, experimenta sensaciones muy contradictorias, paradójicas y enfrentadas. Por un lado sentimos el alivio de alejarnos de una situación social colapsada y sin salida a la vista en el corto plazo, salvo alguna sorpresa que ni siquiera sospecho de dónde podría venir. Por el otro, dejamos personas, cosas, lugares que no sabemos, en la mayoría de los casos, cuándo los volvamos a ver. Venezuela gana y pierde con la migración masiva en muchos escenarios. Veamos algunos:

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Como país, Venezuela pierde: La mayoría de los emigrantes son graduados universitarios y con oficios. La gama es muy variada y va desde neurocirujanos y médicos de todas las especialidades, físicos, químicos, psicólogos, ingenieros, publicistas, plomeros, albañiles, electricistas, abogados, administradores, periodistas, emprendedores con negocios de cualquier cosas imaginables, en fin. Hay cientos de colegios y universidades sin la plantilla completa de profesores porque cada vez son más los que se van, a veces sin previo aviso, ya sea por un tema de seguridad o por no perder una oportunidad. Y seamos realistas, muchos de ellos no volverán si cae el chavismo mañana. Ya tienen su vida hecha en otras latitudes y el país no se va a recuperar en un par de años desde ese día.



Como país, Venezuela gana: Una generación completa que está preparada desde el punto de vista académico y vivencial para ayudar a formar una sociedad post chavista basada en la productividad y la educación. Muchos inmigrantes están estudiando desde cursos de manejo de montacargas hasta doctorados en matemáticas. Se necesitará de todos. Hasta de los niños que hoy están en algún equipo de fútbol en A Coruña, Madrid, Dusseldorf o Medellín y mañana pueden alimentar la vinotinto masculina y femenina. O de los que integran un equipo de debates o audiovisuales en Houston o Buenos Aires. Todos pueden sumar. Por supuesto tendrán que decidir entre el país que los vio nacer y el que les dio la oportunidad de una formación de calidad. Eso será cosa de cada quién.

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Como personas, perdemos: Momentos, una vida. ¡Cuántos amores se han separado con la certeza silenciosa de que no volverán a verse! ¡Cuántos no han podido ayudar como quisieran a sus seres queridos en la enfermedad! ¡A cuántos les ha fallecido su madre, padre, abuelo, hermanos, el gato, un sobrino, el perro que se te montaba en la cama por la mañana, sin la posibilidad de ir a su entierro o velorio por su situación migratoria, falta de dinero o ausencia de vuelos! Es cruel decirlo pero creo que deberíamos hacer acuerdos familiares sobre estos temas y al menos sepamos qué hacer, con un protocolo de acciones en caso de que sucedan estas terribles situaciones.

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Como personas, ganamos: Madurez, fortaleza y sapiencia para enfrentar situaciones como las mencionadas anteriormente. No se te forma una coraza que te impida sentir, llorar y padecer. Espero que no. Pero sí te da la experiencia para saber como manejarlas y poder seguir con nuestras vidas. Ya de por sí también exportamos esa increíble resiliencia, calma o sumisión (póngale el nombre que quiera) para aguantar la cara de culo de un trabajador del SAIME, SENIAT o banca pública o privada, entre otros, aparte del triunvirato hamponil que conforman los militares, policías y malandros comunes, cómodamente podemos superar la aspereza en el trato de un funcionario de migración de cualquier país. Pulimos algunas, descubrimos y desarrollamos otras habilidades personales. Por nuestro bien y por los que ahora están con nosotros.

Como sociedad y cultura, perdemos: Aún me debato en comparar entre lo bonito y lo cruel de la esperanza. No hablo del orden o la prosperidad porque nunca hemos sido prósperos ni ordenados. El caos está en nuestro ADN. Rendimos culto al militarismo y al caudillismo, y a las viudas de "la cuarta" (disculpen el neolenguaje chavista, ya sabemos que no estamos en la quinta ni en la sexta república) les digo que en esa época estábamos tan mal, tan jodidos, tan rotos, desde el punto de vista moral, social y político, que se eligió a chavez de presidente, luego de una enorme campaña en los grandes medios impresos y televisivos con empresarios de alta alcurnia de todas las industrias incluidos. Sí, todos, hasta los que luego cerraron. Pero vale, no habrá pase de facturas. Olvídense de eso.
Perdimos el norte, el rumbo, vivimos del día a día y con la ruleta agridulce del mensaje o la llamada que nos anuncia que un familiar o amigo se va del país. Venezuela está en depresión y se suicida en cada evento o actividad política y económica. Que los chistes y el "lacreo con el chalequeo" no te engañen.

Como sociedad y cultura, ganamos: Regresarán muchos con una nueva visión social basados en el bien común, luego de permanecer en países donde esto es un principio que se enseña en hogares y escuelas. Te hablo de algo más allá de respetar el semáforo, el rayado, pagar impuestos y no tirar basura en la calle. Te hablo de entender la importancia de tener a nuestra gente educada, despierta y crítica. Al separarnos de nuestro foco de angustia, podríamos ver las cosas en otra dimensión, sabiendo, por ejemplo, que no debemos apoyar ciertos liderazgos, porque la política es tan sucia como la moral de los ciudadanos que eligen a los políticos. Todo cambio, grande o pequeño comenzará por nosotros.

Emigrando a España. Preguntas frecuentes

Cibeles y el Ayuntamiento de Madrid. Foto: Rubén Villegas

He estado observando en grupos de Facebook, cuentas de Twitter e Instagram, ciertas preguntas que normalmente le hacen a quienes emigraron a España o abogados especialistas en temas migratorios, y algunos detalles de la vida diaria. Así que hice un listado de ciertas preguntas con respuestas breves, concisas y consultadas. No entro en honduras ni vericuetos legales, ya que no soy abogado. Espero les sirva para despejar algunas dudas frecuentes.


¿Qué necesito para pasar tranquilamente por migración sin riesgo de que me devuelvan?
Reserva de hotel o carta de invitación de un residente.
Mostrar 70 euros por cada día que va a estar.
Pasaje de regreso.

¿Necesito seguro médico para entrar?
No, no es obligatorio.

¿Puedo ir a España con pasaje solo de ida?
No, solo los españoles o residentes debidamente identificados pueden hacer eso.

¿Me pueden deportar en el aeropuerto si no muestro cualquier documento o requisito de los anteriormente mencionados?
Sí, sucede poco, pero puede pasar. Es una lotería y queda en criterio de ellos.

¿La vida en España es cara?
No, el poder adquisitivo en relación al ingreso, es bastante alto.

¿Son xenófobos y descorteses los españoles?
No. Deja de hacerle caso a los chavistas y resentidos sociales.




¿Puedo llevarme mi TV, secador, Play Station y otros aparatos eléctricos?
Si no funcionan con electricidad 220V, no. Ni se te ocurra. Aparte de que en el caso de los TV es otro sistema de transmisión e igual no van a funcionar.

¿Si mis hijos son españoles, puedo pedir la nacionalidad?
Sí, pero debes hacer el trámite en el país de origen. Si lo haces en España es más complicado. Consulta a un abogado.

¿Es cierto que en España le dan asilo político a todo el que llega?
Se admite el trámite, pero, al igual que en todos los países del mundo, finalmente se concede a muy pocos. Menos del 1% de solicitudes anuales.

¿Si mis padres son españoles, puedo solicitar la nacionalidad española?
Sí, pero solo antes de cumplir los 18 años.



¿Si estoy embarazada y mi hijo nace en España, automáticamente es español?
No. Lo es si, y solo si, uno o ambos progenitores son españoles. Si ninguno de los dos lo es, hereda el estatus migratorio de los padres.

¿Puedo convalidar mi título universitario?
Sí, pero es un proceso que dura entre uno y dos años, como promedio. Depende del país donde te graduaste y la carrera.

¿Es fácil conseguir trabajo?
Nadie puede garantizarte eso. Es una mezcla de ganas, valentía, azar y otras variables que no siempre estarán en tus manos.

¿Si me agarra la policía y tengo un estatus migratorio irregular, me pueden deportar?
Sí, pasa poco, pero puede suceder.


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¿España vive una crisis?
No, como la de tu país de origen, no. No hay comparación posible. ¿Que te he dicho de  dejar de hacerle caso a los chavistas?

¿Dónde puedo ir a comprar comida?
En supermercados Mercadona, Ahorra +, Carrefour, Día, entre otros. Hay muchos locales de chinos llamados Alimentación. Abren hasta altas horas de la noche, incluso los domingos, pero siempre es un poco más caro.

¿Mi hijo puede estudiar en el colegio o la secundaria aunque yo aún no sea residente y el tampoco?
Sí, el derecho a la educación es innegable y prioritario.

¿Si me enfermo o tengo un accidente me atenderán o me dejan morir?
Sí, te atenderán. Luego, dependiendo si estás inscrito en la seguridad social, se te cobrará o no. No te dejarán morir, deja de ver VTV y Telesur.




¿Qué es un DNI?
Son las siglas de Documento Nacional de Identidad. Lo tienen solamente los españoles.

¿Qué es un NIE?
Es el Número de Identificación de Extranjeros.

¿Los madrileños le van al Real o al Atleti?
El Real Madrid tiene más hinchas fuera de Madrid que en Madrid. Y es el equipo con más seguidores a nivel mundial. Pero el madrileño promedio le va al Atlético. La vida es irónica e incierta.

¿Si me caso con un español, automáticamente tendré la nacionalidad?
No, pasarás por un proceso que puede tomar entre dos y tres años. Las autoridades españolas tienen potestad para anular el matrimonio y sancionar a los contrayentes en caso de que detecten que es un matrimonio "arreglado" para obtener la nacionalidad.

¿Mi licencia de conducir sirve en España?
Sí, pero solamente durante 90 días.

¿Cuántos días puedo estar en España como turista?
90 días continuos. Los días dentro de la Unión Europea se cuentan.

¿Si estando en España, tengo un hijo con un español o española, yo obtengo la nacionalidad?
No necesariamente. Tienes la opción de obtenerla solamente si existe una unión de hecho (concubinato) o matrimonio. Nada es automático.

¿Cuál es la mejor ciudad para vivir?
Aquella donde te sientas cómodo y encuentres la felicidad, el placer, más los euros para las cañitas y los cigarros.