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El voto inmigrante venezolano

Venezuela coruña 23 de enero elecciones España
Venezolanos se concentran en El Obelisco de La Coruña, España el 23 de enero de 2019. Foto: Rubén Villegas

No es ese mantra lleno de superioridad moral o humana que rueda de forma chocante por ahí. Es un hecho. Somos diferentes. Y tal vez por eso, en muchos lugares no han sabido qué hacer desde el punto de vista político, con nosotros.
En EEUU, donde toda la discusión social tarde o temprano recae en el tema del racismo, les explota el cerebro a ver familias venezolanas donde el padre es blanco, la esposa es morena y el hijo le salga achinado.


Todos tenemos un familiar a quien le decimos "el negro", "el gordo", "el chino". Yo soy blanco, mi mamá es morena y tiene la piel más oscura de mi familia cercana. Tengo parientes de Caracas que son negros muy negros. También tengo un primo-sobrino que salió con ojos grises y rubio. Su hermanita menor es morena como su madre. Y hay un par de mellizos, primos míos, donde uno es blanco como yo y el otro es "el negrito".
Todas las familias típicas venezolanas son así: atípicas.
A mí me han dicho que vengo de la clase alta por mi color de piel. Y porque hablo inglés. No te rías que es en serio.


En Europa, en especial en España, donde vivo, entienden mejor este tema del mestizaje y no les sorprende tanto. El tema aquí es que muchos no comprenden que venimos huyendo de unos psicópatas que tomaron como bandera el socialismo y el anticapitalismo. Y que como venimos del "guetto", deberíamos apoyar esas cosas, con nuestra respectiva franelita del Ché. Al parecer no comprenden muy bien aún lo que ha sucedido en 20 años, ya sea por omisión, complicidad, terquedad o ceguera selectiva. Hay muchos otros que sí y personalmente les agradezco mucho su interés en informarse.
Para muchas personas, las consignas y los clichés son más importantes que los hechos. Se quedan varados en lo primero y hasta con un aire de superioridad.
En EEUU, por el tema racial, los socialistas dentro del partido demócrata han tomado como bandera a los latinos. Sin embargo obvian que muchos de esos latinos llegaron a esos lares huyendo de socialistas. No es de extrañar entonces que ante el apoyo a nuestros verdugos, Trump se haya ganado la simpatía de muchos votantes venezolanos con pasaporte estadounidense. Incluyendo el mío, si pudiera.


Si Trump ofrece acabar con los enemigos de mi gente, por supuesto que va a caer bien. En especial porque el cliché "los gringos quieren el petroleo de Venezuela" nos cae como una picada de zancudo a un cocodrilo. Ya tenemos la piel bastante curtida respecto a esa pendejada.
En España el tema es diferente. 
No llegamos en balsas como los africanos que huyen de países socialistas (esto siempre se obvia, no sé por qué), tampoco somos buhoneros ni manteros. No exigimos que nos dejen vender cosas en la calle. También es raro leer sobre algún criminal venezolano, que por cierto, los criminales venezolanos más prominentes tienen mucho dinero, financian movimientos de izquierda y hasta abren empresas súper fashion como Hawkers, propiedad del bolichico Alejandro Betancourt.
Tampoco nos asocian con pandilleros.
Aunque miles de nosotros no tengan permanencia legal, muchos otros miles, la mayoría, estamos haciendo cosas para lograrlo o ya la obtuvimos.
No hacemos marchas para que nos den subsidios ni regalos.
Tampoco verás venezolanas en marchas feministas porque tenemos muy claro quiénes dirigen ese movimiento.
Nuestra lucha es simple: Que nos dejen trabajar con todas las de la ley. Nosotros resolveremos nuestras vidas. Nosotros nos apañamos, como dicen aquí. Solo eso.


Definitivamente no somos lo "normal".
O mejor dicho, no somos lo "normal" para la izquierda. No somos útiles para su discurso. Venimos a España huyendo de tipos admirados por la gente de Podemos y compañía. Huimos de los discípulos de Fidel. Huimos del chavismo. Huimos de la ultraizquierda. Del comunismo. Lo mismo que mató a millones de rusos, alemanes, ucranianos y polacos no muy lejos de aquí. No hace mucho tiempo.
Somos la peor propaganda para la izquierda y lo saben. Cualquier cosa que digan sobre nosotros es escupir para arriba. 
Al no poder vendernos la falacia de que son los únicos que apoyan a los inmigrantes, otras organizaciones políticas como Ciudadanos, el Partido Popular y Vox han hecho declaraciones públicas a nuestro favor y presencia en actos en favor del gobierno de transición de Guaidó. No me lo contaron, lo veo siempre. Una constante.
De parte de representantes del otro lado como Juan Carlos Monedero y Arantxa Tirado, hemos recibido negacionismo y ofensas. También actos de apoyo a Maduro. De parte del PSOE, silencio.
Ha habido amagues del gobierno de Sánchez poniendo a circular notas de prensa de fuentes anónimas que dice que aprobaron no sé cuántos permisos de residencia por razones humanitarias o que vienen nuevos acuerdos sobre eso y que depende del presupuesto. Nada de esto ha podido probarse, y ante la poca efectividad de la estrategia, no ha vuelto a hablarse del asunto.


Haya un detalle importante con respecto a este tema. Los venezolanos aportaremos alrededor de veinte mil votos en toda España el 28 de abril. Eso puede parecer muy poco. Pero estamos aportando mucho más que votos.
Hay cientos de venezolanos que ya militan en Cs, PP y Vox. Y si no pueden militar ni votar, están poniendo su granito de arena para ver caer a los alcahuetes del chavismo. Aportando conocimientos en logística, comunicación, informática, publicidad, activismo de calle y muchas otras áreas.
También habrá al menos una decena de postulados a cargos de elección popular entre diputados y miembros de juntas de gobierno regionales.
¿Hay venezolanos en Podemos? Sí, por supuesto, pero no hace falta que te diga de qué calaña son.
Estamos lejos de ser el centro del discurso electoralista que se viene. Vamos, no somos el centro del universo. 
Pero en esta partida jugaremos. Y jugamos duro.


¿Quién es la voz de los inmigrantes?


Ya lo has visto. Emigrar es una aventura en solitario aunque estés con tu familia y tengas amigos en tu nueva ciudad. Entender y asumir esto libre de rencores y resentimientos es vital. Es un asunto de supervivencia.
Mientras estamos fuera solo contamos con nuestra habilidad de relacionarnos, de aprovechar las oportunidades por pequeñas que sean y levantarnos de las muchas caídas que tenemos y tendremos.


Mucho se ha dicho y reclamado por la ausencia de unión entre venezolanos. Eso es parcial, es según los que te hayas encontrado. He entendido que muchos factores juegan para que eso no se produzca tal y como hicieron los inmigrantes de las décadas del 50 y 60 en Venezuela. 
Una puede ser la poca identidad o empatía entre gochos y maracuchos con centrales (Valencia, Maracay y Caracas) y con orientales. En cambio los españoles y portugueses llegaban desde localidades específicas como Galicia y Madeira, lo cual aumentaba la posibilidad de que fueran conocidos, parientes lejanos o por vínculos regionalistas. Y ojo, las razones pueden ser mucho más profundas como el clasismo. sí, al igual que en Venezuela hay gente que te mira de manera diferente según la cantidad de dinero que lleves, sin importar de dónde lo sacaste. O la desconfianza mutua por tantos años de viveza criolla. Y es normal. Es chimbo, pero normal.

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O simplifiquemos. Supervivencia. Cada quien está pendiente de salvar su pellejo y no hay tiempo para pensar en los demás. Y también es normal.
Así como también es cierto que existen muchas personas, asociaciones y partidos políticos venezolanos que se dedican a brindar asesoría gratuita, comida, refugio temporal y ropa a quienes en algún momento hemos estado en aprietos. En España hay montones. Hay regiones y ciudades donde conviven hasta cinco agrupaciones diferentes. Juntos en el objetivo, pero no revueltos en las acciones.
Pero cosa curiosa. Entre unos cuantos también he visto rencillas, chismes, acusaciones, recelos y demás tonterías. Sí, tal cual la política criolla de todos los bandos y colores. Tal cual las reuniones de los condominios de cualquier barrio y urbanización. No te horrorices. Es normal. Pasará un tiempo antes de que nos descontaminemos. Pero pasará. Eso espero.


También te encontrarás gente que no mirará tu cuenta bancaria, ni tu origen, ni tu pasado. Te va a tender la mano y serán tus amigos sin más condición que la simpatía mutua. Los he conocido, no son rarezas. Muchos de ellos aportaron y aportan recursos individuales para los que están acá. Han participado en cuanto evento político incluya a los venezolanos en el exterior, envío de medicinas. Hasta recursos económicos para la Resistencia en las protestas de 2017 aportaron. Me consta.
Hay quienes contratan preferiblemente venezolanos y hay quienes no quieren nada con los paisanos. Cada quien hace con su negocio o que quiera. La libertad es la libertad.
Lo que trato de decirte es que te vas a encontrar de todo.
¿Tenemos un vocero, organización unificada o una referencia que podamos decir que nos representa? No. ¿Hacen falta? Pues, tengo opiniones encontradas.


Hay muchos que fueron referentes políticos en Venezuela viviendo en España. Varios tienen la nacionalidad incluso. Se toman fotos con Rajoy, Rivera y hasta con el Rey. Otros pasan por aquí de visita en sus giras. Asisten a un par de encuentros con venezolanos en la calle y ya. Hablan de las elecciones, de nicolás, de diosdado, y de cualquier tema de la agenda política permanente.
Lamento profundamente que aún no hablen de nosotros. Esos, los que no entramos en La Moncloa y pululamos entre Gran Vía, Puerta del Sol, Las Ramblas de Barcelona y los malecones de Galicia, Euskadi y Valencia.
Somos aproximadamente 150 mil venezolanos en España. Algunas estimaciones alarmantes (o alarmistas) hablan casi la mitad en situación migratoria irregular. Sin papeles. Ni hablar de los que están pidiendo asilo, aún sabiendo que en 2017 solo aprobaron 15, habiendo 12 mil solicitudes pendientes. hablo de los que por no tener pasaporte vigente no pueden solicitar arraigo. Hablo de los que tienen hijos españoles, dejaron todo en Venezuela para venirse pero no pueden pedir ni lo uno ni lo otro porque debían aguantarse  haciendo el trámite en el consulado mientras la urgencia por el caos social y económico les caía encima.


Esos que están en el limbo legal ¿qué oportunidad tienen? 
Miro con desconfianza esas fotos bonitas que salen en Internet porque no hay nada sobre ellos. Esos a quienes quizá me toque unirme en una jugarreta del destino. El futuro es incierto.
No he visto la primera propuesta al Parlamento para abogar por nosotros. No quiero pensar que es porque no somos votos en Venezuela por el bloqueo que nos tiene el CNE con el registro electoral y cierre de consulados. O porque tampoco somos votos en España, ni en EEUU, ni en Chile, ni en Argentina hasta dentro de unos cuantos años. 
Es que ni siquiera para aprovechar la inmensa cantidad de mano de obra de calidad  venezolana que necesita España en algunas regiones en cuanto a profesiones y oficios se ve algo por escrito.

Entonces ¿a quién representan estos ilustres visitantes y residentes? Porque a mi no. No me siento representado por quien quiere ejercer un liderazgo y no habla de lo que me importa a mí y a los míos. Y tampoco veo iniciativa alguna moviéndose por nosotros. Solo fotos. Y nada más. Cuando lo hagan, tal vez cambie de idea.
Esto también nos sirve para pensar bien a la hora de elegir a nuestros líderes políticos. La política es tan sucia o tan útil como los ciudadanos lo permitan. 
Las iniciativas de Piñera, Macri y Kuczynski a favor de nosotros fueron de ellos. Y se les agradece.
Así que solo estamos nosotros. Solo dependemos de nosotros. Si sale alguna de estas iniciativas que ayuden a regularizar nuestra situación migratoria, creo que saldrá de nosotros. 
Si sobrevivimos, será por nosotros. Nuestra lucha es solo de nosotros. Nuestro futuro nos pertenece. Y esa es la buena noticia.

Emigrando a España. Preguntas frecuentes

Cibeles y el Ayuntamiento de Madrid. Foto: Rubén Villegas

He estado observando en grupos de Facebook, cuentas de Twitter e Instagram, ciertas preguntas que normalmente le hacen a quienes emigraron a España o abogados especialistas en temas migratorios, y algunos detalles de la vida diaria. Así que hice un listado de ciertas preguntas con respuestas breves, concisas y consultadas. No entro en honduras ni vericuetos legales, ya que no soy abogado. Espero les sirva para despejar algunas dudas frecuentes.


¿Qué necesito para pasar tranquilamente por migración sin riesgo de que me devuelvan?
Reserva de hotel o carta de invitación de un residente.
Mostrar 70 euros por cada día que va a estar.
Pasaje de regreso.

¿Necesito seguro médico para entrar?
No, no es obligatorio.

¿Puedo ir a España con pasaje solo de ida?
No, solo los españoles o residentes debidamente identificados pueden hacer eso.

¿Me pueden deportar en el aeropuerto si no muestro cualquier documento o requisito de los anteriormente mencionados?
Sí, sucede poco, pero puede pasar. Es una lotería y queda en criterio de ellos.

¿La vida en España es cara?
No, el poder adquisitivo en relación al ingreso, es bastante alto.

¿Son xenófobos y descorteses los españoles?
No. Deja de hacerle caso a los chavistas y resentidos sociales.




¿Puedo llevarme mi TV, secador, Play Station y otros aparatos eléctricos?
Si no funcionan con electricidad 220V, no. Ni se te ocurra. Aparte de que en el caso de los TV es otro sistema de transmisión e igual no van a funcionar.

¿Si mis hijos son españoles, puedo pedir la nacionalidad?
Sí, pero debes hacer el trámite en el país de origen. Si lo haces en España es más complicado. Consulta a un abogado.

¿Es cierto que en España le dan asilo político a todo el que llega?
Se admite el trámite, pero, al igual que en todos los países del mundo, finalmente se concede a muy pocos. Menos del 1% de solicitudes anuales.

¿Si mis padres son españoles, puedo solicitar la nacionalidad española?
Sí, pero solo antes de cumplir los 18 años.



¿Si estoy embarazada y mi hijo nace en España, automáticamente es español?
No. Lo es si, y solo si, uno o ambos progenitores son españoles. Si ninguno de los dos lo es, hereda el estatus migratorio de los padres.

¿Puedo convalidar mi título universitario?
Sí, pero es un proceso que dura entre uno y dos años, como promedio. Depende del país donde te graduaste y la carrera.

¿Es fácil conseguir trabajo?
Nadie puede garantizarte eso. Es una mezcla de ganas, valentía, azar y otras variables que no siempre estarán en tus manos.

¿Si me agarra la policía y tengo un estatus migratorio irregular, me pueden deportar?
Sí, pasa poco, pero puede suceder.


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¿España vive una crisis?
No, como la de tu país de origen, no. No hay comparación posible. ¿Que te he dicho de  dejar de hacerle caso a los chavistas?

¿Dónde puedo ir a comprar comida?
En supermercados Mercadona, Ahorra +, Carrefour, Día, entre otros. Hay muchos locales de chinos llamados Alimentación. Abren hasta altas horas de la noche, incluso los domingos, pero siempre es un poco más caro.

¿Mi hijo puede estudiar en el colegio o la secundaria aunque yo aún no sea residente y el tampoco?
Sí, el derecho a la educación es innegable y prioritario.

¿Si me enfermo o tengo un accidente me atenderán o me dejan morir?
Sí, te atenderán. Luego, dependiendo si estás inscrito en la seguridad social, se te cobrará o no. No te dejarán morir, deja de ver VTV y Telesur.




¿Qué es un DNI?
Son las siglas de Documento Nacional de Identidad. Lo tienen solamente los españoles.

¿Qué es un NIE?
Es el Número de Identificación de Extranjeros.

¿Los madrileños le van al Real o al Atleti?
El Real Madrid tiene más hinchas fuera de Madrid que en Madrid. Y es el equipo con más seguidores a nivel mundial. Pero el madrileño promedio le va al Atlético. La vida es irónica e incierta.

¿Si me caso con un español, automáticamente tendré la nacionalidad?
No, pasarás por un proceso que puede tomar entre dos y tres años. Las autoridades españolas tienen potestad para anular el matrimonio y sancionar a los contrayentes en caso de que detecten que es un matrimonio "arreglado" para obtener la nacionalidad.

¿Mi licencia de conducir sirve en España?
Sí, pero solamente durante 90 días.

¿Cuántos días puedo estar en España como turista?
90 días continuos. Los días dentro de la Unión Europea se cuentan.

¿Si estando en España, tengo un hijo con un español o española, yo obtengo la nacionalidad?
No necesariamente. Tienes la opción de obtenerla solamente si existe una unión de hecho (concubinato) o matrimonio. Nada es automático.

¿Cuál es la mejor ciudad para vivir?
Aquella donde te sientas cómodo y encuentres la felicidad, el placer, más los euros para las cañitas y los cigarros.

España para principiantes. Guía para inmigrantes.

Gran Vía. Madrid. Foto de Rubén Villegas

España, la tierra prometida de muchos, el regreso a la madre patria o el túnel de escape del atraso comunista latinoamericano. Cada vez somos más los que venimos buscando el "spanish dream" y es normal que, al igual que yo, andes como pajarito en grama cuando sales por la puerta del Aeropuerto de Barajas, así que sin mucho preámbulo te daré algunos tips básicos para tus primeros días. Todo lo que voy a relatar vale igual para quienes tienen nacionalidad española, pasaporte europeo o ninguna de las dos anteriores. Para particularidades, consulten a un especialista en temas legales migratorios.

Este artículo te va a interesar 👉 Emigrando a España. Preguntas frecuentes.

  • ¿Qué te van a pedir en migración al llegar?: Los agentes de migración no le piden lo mismo a todo el mundo. Tienen derecho a exigir algunas cosas pero es algo donde juega mucho el azar y su observaciones particulares. Pueden pedir:
         Pasaje de regreso, en caso de no ser ciudadano europeo.
         Mostrar 70 euros por cada día de estadía que indique el pasaje.
         Reserva de hotel o carta de invitación.
         Cualquier pregunta o revisión de equipaje que ellos consideren.

  • No pagues taxi al salir del aeropuerto, usa el transporte público: Los taxistas españoles son muy respetuosos y tienen unidades en excelente estado. Sin embargo, un servicio para salir del aeropuerto hacia el centro (Puerta del Sol y zonas aledañas), sale muy costoso, tienen una tarifa plana de 30 euros. Es mejor tomar el transporte público, el cual está acondicionado para que puedas transportar tus maletas. Hay una estación del metro dentro de la T1 y T2. También puedes tomar el autobús 200 que llega a la estación Avenida de América (la última del recorrido del bus), donde puedes tomar el metro hacia el centro y que cuesta 1,5 euros. Si tomas el Bus Express, son 5 euros. Además puedes usar el 101 que llega a Canillejas. En caso de que llegues después de la 1:30 am, hora de cierre del transporte público, puedes usar el Autobús Nocturno N27 que llega a Cibeles, que funciona como terminal improvisado en las madrugadas, donde podrás tomar otro autobús a tu destino final. Acá podrás ver con más detalle los servicios de transporte público del Aeropuerto 👉 Buses y Metro Aeropuerto. Para autobuses, consulta entre las muchas empresas dedicadas a esta actividad en el aeropuerto. Si necesitas ir a otra ciudad y quieres tomar el tren, consulta en Renfe


  • Saca tu tarjeta Multi del transporte público: En la estación de Avenida de América puedes sacar tu Tarjeta Multi, con la que accedes a todo el sistema de transporte público de Madrid. Tiene un costo de 2,50 euros y debes recargarla con un mínimo que es variable según tu edad y zonas donde la vas a usar con mayor frecuencia, en las máquinas destinadas para tal fin. Sino, puedes pedir una cita por internet para sacarla en otros de las oficinas de atención pulsando en 👉 este link. Cada ciudad, provincia y comunidad tiene su propio sistema de transporte público, por lo que debes averiguar el procedimiento para cada uno. Acá los links para las ciudades más visitadas 👉 Barcelona Valencia Sevilla Bilbao A Coruña Tenerife.

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  • Buscar donde vivir: Si vienes con un presupuesto ajustado o no quieres gastar todo tu dinero mientras buscas trabajo, te recomiendo rentar una habitación. Yo tuve suerte y encontré la mía con un aviso pegado en un poste de luz y me ha ido muy bien. Para alquilar un piso, te exigen comprobante de nómina por tres meses en la mayoría de los casos y una serie de requisitos a juicio del propietario, que rara vez están a disposición de un recién llegado. Pero hay quienes tienen suerte y lo logran. Si quieres buscar en Internet un piso o una habitación, usa Idealista, Pisocompartido, MilAnuncios, Easypiso y Fotocasa, que son algunas de las webs más populares. También hay muchos grupos de Facebook dedicados a este tema. En algunas piden fianza o depósito por dos, uno o paga directamente el mes y listo, todo depende del criterio del casero. Asegurate de verificar el tipo de servicios que ofrecen y si va incluido en la mensualidad. Agua, luz, gas, lavadora e internet.


  • Empadronamiento: El empadronamiento es un trámite obligatorio que debes hacer ante el Ayuntamiento de donde vives para hacer constar que estás residenciado allí. En el mismo no se te pedirá en ningún momento que rindas cuentas sobre tu situación legal y migratoria. Debes dirigirte a tu respectiva oficina de tu distrito para concertar la cita o en la web de tu Ayuntamiento. Es un requisito indispensable para acceder a cualquier otro servicio, como sanidad, o trámite básico, excepto la tarjeta del transporte público.


  • Dónde comer: La comida es barata, en comparación a países donde viví anteriormente como Panamá. Una sola persona puede gastar entre 100 y 120 euros en víveres del supermercado. Por supuesto, todo depende de la dieta particular de cada quien. Un menú en la calle puede costar a partir de 9 euros, por lo que comer en casa es primordial para controlar los gastos de una mejor manera. Son supermercados que más me agradan por su variedad y precios son Mercadona y AhorraMás. Hay otros como Día, Carrefour, Hipercor, que también puedes ver dentro de el Corte Inglés que son buenos.

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  • Dónde trabajar: No puedo caer en particularidades migratoria y legales de cada uno de quienes me leen porque las combinaciones son infinitas, así que me limitaré a decir que en líneas generales, en España hay muchas oportunidades de trabajo, en especial en el ramo de la hostelería (camareros, chefs, ayudantes de cocinas, bartenders y afines). Puedes revisar web y apps como Infojobs y MilAnuncios. Las redes sociales también te pueden ser muy útiles. Hay muchos grupos de facebook dedicados al tema y cuentas de Instagram como @Latinos_en_Espana publican ofertas de trabajo de vez en cuando.

  • Comunicación: Adquiere una línea telefónica, preferiblemente de las compañías más grandes y reconocidas como Orange, Vodafone y Telefónica. En un principio será una línea prepagada que cuesta unos 10 euros en promedio y unos 10 euros del plan mensual (precio promedio). Conservarás tu número telefónico si cambias de compañía. Hay WiFi gratuito en todos lados, incluyendo buses, plazas y locales comerciales.

  • Diversión y entretenimiento: Una entrada al cine resulta costosa para muchos, ya que ronda los 8,50 euros en promedio, así que optan por visitar las múltiples plazas, parques, museos y conciertos públicos que se dan en casi todas las ciudades. Todos los museos cobran una entrada que promedia los 4 euros, sin embargo tienen días y horarios donde son gratuitos. En Madrid puedes ver esa información en MuseoMadrid. Para otros eventos puedes revisar la Guía del Ocio . 


  • Ropa y calzado: Por los cambios de estaciones, deberás tener un vestuario acorde al clima. El invierno es muy frío, casi congelante y el calor de agosto es agobiante al extremo. Puedes visitar tiendas como Primark donde puedes conseguir ropa bonita a bajo costo. Las tiendas de segunda mano son una excelente opción. Las tiendas Humana representan una excelente iniciativa donde consigues ropa de marcas reconocidas y en excelente estado a bajos precios. Cuando hay renovación de stock, suelen hacer promociones de todas las prendas a 1 euro.

  • Emergencias: Si te ocurre alguna eventualidad, siempre ten a mano estos números telefónicos. Tienes derecho a ser atendido como cualquier ciudadano, independientemente de tu situación migratoria y ser tratado con el debido respeto sin lugar a ningún tipo de discriminación.
         Bomberos: Son tres números diferentes: 080 - 085 - 092
         Policía: 091 y 092
         Guardia Civil: 062
         Emergencias: 112
         Ambulancias: 061
         Ayuda en carretera: 917421213
         

Migración: Viviendo y dejando vivir



El que se cansa pierde. Y el que no descansa, se obstina, se aburre, y al final, desiste. Miles de venezolanos se encuentran hoy en día en el exilio luego de haber participado en mayor y menor medida en acciones de protesta contra el chavismo en cualquier época. Otros, porque simplemente no soportaron tanta realidad y miseria socialista-militarista y decidieron irse, por supuesto, chavistas incluidos.

Los venezolanos somos muy sociales, somos muy expresivos y comunicativos. Todo queremos decirlo o publicarlo. No es casualidad que, a pesar de tener el peor servicio de Internet de América, somos masivos consumidores y productores de contenido en redes sociales. Y muy poco pudor hemos tenido para compartir lo que se nos ocurra, sea apropiado, grotesco o políticamente incorrecto.

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Es absolutamente normal que los emigrados y exiliados quieran estar pendientes de lo que sucede en el país. Uno se niega a perder el nexo, o como me dice una amiga, te vuelves adicto al estrés de las noticias sorprendentes que mueren en apenas unas horas. Los acontecimientos ocurren, o se divulga que supuestamente ocurrieron, de una manera pasmosa. Todos quieren aportar, hacer algo. Pero también tienen derecho a disfrutar de su nueva vida. Emigrar no es irse de paseo, y bien merece su recompensa. 

Estas consideraciones entran en juego a la hora de decir cómo nos está yendo afuera. He leído como gente se horroriza porque alguien en Madrid decidió ir a tomarse unas cañas con amigo, porque está pasándola bien en algún Starbucks de Australia o fue al teatro en Argentina. Eso no me molesta en lo más mínimo. Al contrario, me gusta mucho saber que tengo amigos y conocidos que lograron escapar del chavismo para vivir una vida “normal”, desprendiéndose de seres queridos, profesión y costumbres. Me gusta cuando publican sus cosas porque me da alivio saber que están bien. Y que hay personas que estimo que logran disfrutar del fruto de su trabajo. Eso no es ningún pecado. 
Como tampoco es pecado que los que se quedan en Venezuela publiquen y hablen acerca de momentos familiares como graduaciones, bautizos, o simplemente un fin de semana en la playa. Eso no los convierte en traidores ni en indolentes. Eso los hace seres humanos como cualquier otro. Hasta los judíos hicieron Bar Mitzvah y matrimonios mientras fueron perseguidos por los nazis. 
Todos debemos asumir nuestras decisiones y situación de vida. Como dije en otro artículo, algunos se fueron queriendo quedarse y otros se quedaron queriendo irse. Todos tenemos derecho a opinar, pero así como pedimos a los que están afuera que exijan a hacer cosas que ellos no harán (porque no quisieron en su momento o porque no pueden), no podemos exigirles a todos que vivan y se expresen solo como nosotros queramos. Eso está a un paso de hacer algo tan idiota como ir a insultar a alguien común y corriente a un restaurante porque no se fue a marchar, o un tuitero que decía que, al terminar esta oscuridad, habría que pedirles cuentas a los que decidieron irse. Eso va al salón de la fama de las estupideces que he leído por ahí. Me recuerdan a los sindicaleros de una empresa donde trabajé, que secuestraban los buses del transporte del último turno para exigir aumentos salariales, sin pensar que entre los afectados no había ningún directivo, solo gente cansada y enojada por no poder llegar a casa. Esa medida nunca tuvo apoyo, y terminó el día en que un sindicalero terminó con dos dientes menos producto de un derechazo. 
Todos suman, no solo a la lucha por ver a Venezuela libre, sino para ver un país sin odios, resentimientos, sin comportamiento “chavista”. Eso tomará mucho tiempo. ¿Por qué no empezar ahora?

Crónicas de la carne. Una probada de mis relatos

Les presento uno de los 15 relatos que pueden leer en mi libro Crónicas de la carne, el cual pueden adquirir en Amazon en formato de papel o digital en este enlace http://amzn.to/1M05Clx o haciendo click en la imagen.
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Esto es un libro cargado de erotismo. Son historias basadas en los impulsos y las emociones incontroladas. Situaciones que pudieron haberte pasado a ti, o quizás has querido que sucedan.
Disfrútalo.

LA BELLA, LA ARAÑA Y LA BRUJA

El último semestre era mas intenso de lo que pudo haber imaginado. Ya no tenía tiempo ni de peinarse y el dinero tampoco le estaba alcanzando. El salario como maestra suplente, pagando la novatada como futura graduada de la universidad, era casi una limosna. Nunca había abandonado sus iniciativas, era emprendedora y creativa. Y con su pequeño negocio de repostería estaba segura que rebasaría muy pronto lo que ganaba como docente, e incluso podía, con disciplina, ganar más que como directora de escuela. 

Carol se sentía extraña en ese traje, no lo usaba desde que se graduó de bachiller y su maestra de primaria le pidió el favor de animar la fiesta de fin de curso de los niños de primer grado. Era delgada pero firme, de 1.60 mts de estatura, con el cabello hasta los hombros color castaño con destellos artificiales dorados. Manos delicadas con dedos fuertes producto de su afición a curiosear en la mecánica automotriz junto a su padre con quien no hablaba desde hacía ya tres años. Todo por un novio no aceptado y haber desafiado su autoridad. “Ya se le pasará, no estaremos así para toda la vida, y por Dios, soy su única hija”. Tenía un rostro retador, de los que no temen a mirarte fijamente con seguridad, con unos ojos color ámbar oscuro, mejillas redondeadas, piel morena muy clara, casi blanca tostada por el sol de su Puerto Cabello natal, boca grande, labios carnosos, habitualmente rojos como manzanas jugosas. Una voz engañosa que puede sonar tan dulce como desafiante, dependiendo de cómo la provoques, casi siempre alta, quizás para compensar su baja estatura. Y un carácter temperamental, visceral pero a la vez vulnerable. Como dijo alguna vez un pretendiente, una pequeña hada atorrante, malcriada, intrigante pero hermosa hasta quemarte el alma.

“Dios, voy a parecer una Blancanieves envenenada con esta cara tan demacrada que cargo.”

Se tomó un ibuprofeno para aliviar el dolor de cabeza recurrente y constante de varios días. Se recostó para cerrar los ojos unos momentos. Su cama le parecía extraña al usarla para relajarse. Últimamente era una extensión de su escritorio, donde colocaba la laptop mientras tecleaba sin parar sus deberes universitarios. En especial su trabajo de grado, que la mayor parte del tiempo parecía un combate tácito intelectual con la profesora encargada de evaluarla. “¡Cambiar cuatro veces el título! es una bruja amargada, con razón es solterona, una resentida". 

Una especie de vapor cálido le cubrió la cara, se levantó rápidamente por reflejo y volvió a sentir el fresco de la tarde. Se asomó a la puerta y vio como algunas gotas de agua le revelaban que había llovido un buen rato. Salió a recorrer los alrededores de la casa. Se sintió ligera, como si las piernas no le pesaran. Casi flotando por los pasillos. El medicamento había hecho efecto de una manera bastante favorable y deseó que se mantuviera así todo el día.

Le pareció extraño que la comezón por su tatuaje en el abdomen había desaparecido. Subió un poco la blusa para verlo y estaba curado completamente. Los pétalos, el tallo y los arabescos de la flor entrelazada que se había hecho dibujar, subía hasta sus costillas y bajaba hasta perderse dentro de su falda.

Quizá también fuera efecto secundario de la pastilla, tal vez había caducado y no se percató de su fecha de vencimiento, pero en realidad comenzó a notar que caminaba sin rumbo y al mismo tiempo con la seguridad de que no quería volver a la casa. Disfrutó el vagar hasta perderse en una maraña de veredas con casas muy juntas entre sí, apretujadas buscando resaltar con sus vivos colores en rojo, amarillo, verde, azul turquesa y violeta. Muchos postes de luz sin cables y rejas que le daban el aspecto de un laberinto de hierro y concreto. Como un bosque metálico, con árboles con transformadores, fusibles y alambres en lugar de frutos.

–Oye, ¿me puedes decir la hora? –preguntó un hombre que daba golpes a la latonería de un viejo Ford Fairlane 500, de color naranja y tapicería en estado lamentable, con un martillo de goma en el garaje de una casa que funcionaba como taller mecánico, con partes de vehículos tiradas por doquier y las infaltables manchas de aceite ensuciando todo el piso. Vestía un jean azul roto, una camiseta negra sin mangas de The Ramones, llevaba el cabello corto y revuelto, como si odiara peinarse y tatuajes tribales en el brazo derecho. Era muy blanco y se dejaba crecer un muy mal intento de barba que crecía caprichosa y dispersa por toda la cara. De mirada penetrante y segura, fue evidente que ella captó su atención y que s preguntó la hora para buscarle conversación. A ella no le disgustaba pero no quería que la retrasase en su recorrido.

–No tengo reloj, y dejé el teléfono, disculpe –contestó Carol.

Siguió caminando y se dio cuenta de que estaba perdida y no conocía el lugar. Quiso devolverse pero no sabía hacia cuál dirección debía ir. Si seguir avanzando o desandar sus pasos.

Entró a una casa donde al parecer no vivía nadie. Había unos cuantos muebles y enseres regados en el piso. Con la puerta desvencijada y las paredes de un color crema que se desconchaba por todos lados. Un par de sofás en la sala, con los cojines rotos y de un olor similar al orine de gato. Adornos sucios y rotos, un mesón grande al fondo de la sala, con un florero de flores marchitas, ya negruzcas y un par de platos de peltre vacíos como aguardando a los comensales. El lugar era inmenso, Carol sintió la sensación de estar en un palacio abandonado. A pesar de lo maltrecho de los objetos presentes, era evidente que una familia grande y acaudalada usó el lugar como su hogar. Pero sin duda sus días de elegancia eran solamente un recuerdo.

Unos retratos viejos colgaban de las paredes y comenzó a verlos uno por uno. Estaban descoloridos, con los marcos astillados y algunos con manchas café. Eran hombres, mujeres y niños de otros tiempos, con miradas perdidas, mudos ante quienes los contemplaban.

Una de estas fotografías llamó su atención a pesar de que estaba al otro lado de la sala donde se encontraba, caminó hacia él y algo en ella se contrajo al ver el rostro. Una fotografía de ella misma, desde un ángulo de perfil, posiblemente tomada desde su ventana mientras se cambiaba al llegar de la universidad y una inscripción que le resultó muy poco halagadora bajo aquellas circunstancias.

“La más bella”.

El ruido de una puerta de metal se escuchó al fondo y su curiosidad desapareció. Rápidamente salió del lugar y tomó el camino hacia la primera vereda que encontró.

Apuró el paso, casi corriendo, hasta que volvió a tropezar con el hombre con el martillo de goma golpeando latonería del Ford Fairlane naranja.

–¿Qué te pasó? ¿Te robaron? –preguntó el hombre.

–No, no pasó nada, es que me perdí buscando una dirección –respondió apresurada y viendo por encima de su hombro con un poco de susto.

–Debes tener cuidado, por aquí anda gente muy rara últimamente, malandritos y malvivientes. Pero sobre todo una señora que vive sola en la otra vereda, por ahí de donde tú vienes. Hay gente que dice que es bruja, pero yo digo que más bien es loca. A veces aparecen gatos y perros envenenados frente a la casa de ella. Yo fui su vecino cuando estaba chamo. Y de verdad que es rara. Se le quedaba mirando a uno y murmuraba cosas en idiomas extraños cuando veía muchachas bonitas pasando frente a su casa. Una de ellas fue mi noviecita y me dice que el pelo se le daño luego de que dejó que se lo tocara. Fue mal de ojo según me decía ella siempre.

–Yo a ti te conozco –dijo el hombre reflexionando y tratando de recordar–. Pero no sé de dónde… Pasa y siéntate, que está pegando el sol y tienes la cara roja. ¿Te duele la cabeza?

–No, pero regálame agua por favor –a Carol le pareció que aquel hombre era el dueño del lugar sin preguntárselo y poseedor de todas las respuestas que buscaba sobre lo que estaba ocurriendo en aquellos parajes.

Le pasó un vaso con agua del termo que tenía al lado. Se le quedó viendo, escrutándola.

–Me pasó algo muy raro –se animó a contar ella – Entré a la casa creyendo que estaba vacía, y vi una foto mía en la sala.

–No jodas, ten cuidado es lo que es. ¿Y si te anda buscando para secuestrarte?

–No tengo nada que pueda quitarme. Ni siquiera tengo teléfono. Tampoco tengo dinero, y mi monedero lo dejé en mi casa.

De repente algo mordió a Carol en el tobillo izquierdo que la hizo dar un respingo con un pequeño grito. Un aguijonazo. Se llevó la mano al pie y vio como una araña grande, del tamaño de su mano huía en dirección a la calle. Se levantó y la pisó sin dudarlo, más como venganza que por prevención a que dañara a alguien más.

–¡Esa vaina me picó duro! ¡Me arde!

–Dame para ver eso –miró la picadura y había un par de pequeños agujeros en el centro de un círculo rojo que crecía ante sus ojos. – Sí, se está poniendo feo, voy a buscarte un poco de alcohol para desinfectar la herida –dijo él mientras entraba a la casa rápidamente.

El tobillo de Carol comenzó a inflamarse y a dolerle. Se levantó de la silla y fue hacia adentro de la casa en busca del hombre. Pero sintió que alguien la llamaba. Al voltear a la calle vio a una mujer de mediana edad y de aspecto descuidado pero con remedo de elegancia. Con un traje de coctel raído, descolorido y manchado, el cabello con rastros de haber sido rubio en alguna época pero inundado de canas muy mal cuidadas, con mechones unidos con una especie de pegamento, formando bolas de pelo de aspecto casi animal y bisutería que simulaba ser de oro. Tenía la cara picada de viruela, piel blanca pálida y los ojos pequeños, el derecho era verde y el izquierdo de color amarillo. La señaló en silencio, sonrió y en un pestañeo dio medio vuelta y desapareció.

Nerviosa aún, terminó de entrar a la casa tratando de no apoyar el pie. Adentro todo era austero pero funcional. Con una mesa pequeña que servía de comedor, una cocina con pocos utensilios, platos de vidrio, vasos de plástico y una habitación con la puerta a medio cerrar con una cama grande y desarreglada. En todo lo demás parecía estar en orden y limpio. 

–Acabo de ver a la loca, me miró, sonrió y se fue. Me asustó. Era muy fea esa mujer, parecía un espanto.

–Déjame ver la mordida –le dijo mientras le frotó un algodón con un ungüento en el tobillo.

–Mira, te voy a contar lo que sucede con ella. Es una persona muy mala. La policía ha ido varias veces a su casa pero ella les moja la mano, los soborna, tú sabes, y la dejan tranquila. Pero dicen que se fija en mujeres que ve en la calle, y que le da rabia que sean bonitas o llamen la atención. Ella como que está acomplejada luego que quedó arruinada. Nunca supe por qué. Hay gente que dice que tenía problemas con el juego, otros que se gastó en rumbas y alcohol toda la herencia de su familia y ahora vive de lo que le regalan sus familiares. Ellos llegan a visitarla, pero nunca se quedan más de unos minutos. Al parecer perdió el cariño y el respeto de ellos. Pero dicen que envenena a otras mujeres solo por eso, por la envidia, la frustración, como si quisiera robarles la belleza y la juventud. Hasta se ha llegado a decir que algunas que han ido a su casa un par de veces luego desaparecen. 

–No me digas eso, me está comenzando a dar escalofríos y me duele la pierna.

–Tienes el pie rojo y está comenzando a hincharse.

Carol subió el borde del vestido y con horror vio como una marca azul verdoso subía por su pierna. Como un entresijo de ramas puntiagudas que comenzaba a extenderse por toda la piel.

–Estás envenenada. Esa bruja soltó esa araña para joderte. Yo tengo un remedio para eso, pero debes relajarte. Si no lo hacemos te desmayarás y luego no sé si vuelvas a despertar.

Carol enmudeció, él entró a la habitación con un frasco amarillo.

–Debes confiar en mí y relajarte. Yo sé qué hacer. Te voy a sacar de esta. Súbete la falda, te pondré esta crema en la herida y en toda esa marca que tienes brotada.

Carol estaba aterrorizada, pero se sintió aliviada. Se dejó atender ante la angustia de no saber qué le sucedería.

–Vente a la mesa, y recuéstate, pon el pecho en la tabla y cierra los ojos con tus manos.

A ella le pareció muy rara la petición pero accedió. De todos modos todo le parecía tan surrealista y a la vez tan natural que lo hizo mecánicamente como siguiendo un libreto.

Él se agacho, quitó la zapatilla del pie inflamado y comenzó a frotar el líquido con sus dedos. Ella sintió un cosquilleo seguido de un confort cálido, le gustó. El masajeó su pie completo y continuó hacia arriba.

El frío de su piel al no sentir el traje con la falda amarilla a medio subir le extraño pero lo aceptó, no sabía si la cura iba a funcionar pero el confort valía la pena.

–Voy a ponerte esto donde haya llegado el veneno. Lo más seguro es que ya esté corriendo por tus venas hacia otras partes del cuerpo. Hay que hacerlo bien y rápido. Relájate y no voltees.

La giró y de un jalón le levantó la falda y le enganchó el borde con la espalda casi tocando el cuello, arropándola y a la vez dejando su trasero al aire. Mil sensaciones pasaron por su mente, todas confusas pero agradables, efectos de la alucinación que dejaba el veneno que ya llegaba a su cerebro.

Sintió como el untaba el líquido recorriendo desde su tobillo hasta su pantorrilla, luego su rodilla hasta decidir ir hacia la parte posterior de su muslo, lo sintió tembloroso. Y estaba en lo cierto. Unas nalgas tan firmes por años de entrenamiento en body board y natación playera, además de la belleza implícita en ella lo atrajeron a más.

La marca comenzó a desaparecer a medida que el líquido amarillo se secaba, la hinchazón de su tobillo se esfumó. Ella sintió su pie liviano y movible nuevamente. Pero quiso quedarse así. Se relajó y lo dejó seguirla masajeando un rato.

–Yo creo que ya está cediendo, ¿cómo te sientes? –le preguntó él.

–Bien. ¿Estás seguro que ya estoy curada? –respondió ella dudando de lo definitivo del procedimiento.

–Eso no lo sé. Si quieres usamos todo el frasco. Y lo pongo en toda la zona otra vez.

–Sí, sí quiero –le respondió ella con voz sumisa y adormilada.

Él volvió a su masajeo con las manos por las piernas de ella. Se detuvo mucho más en observar cada detalle. No podía dejar de verla.

Recorrió el último pedazo superior de muslo. Y ahí estaba. Un par de labios prominentes y brillantes con una raja que parecía interminable. Color rosa fuerte. No aguantó y la tocó.

–¿Hasta ahí llegó la mancha esa fea? Preguntó ella con toque de inocencia.

–Creo que sí, aunque se ve muy bien hay que prevenir que el veneno no maltrate esta parte. Voy a poner ahí por si acaso.

Ella abrió más las piernas y se dejó tocar. El temblor en las manos de él desapareció. Pasó de un toque suave y pausado a uno acelerado a medida que las palpitaciones de ambos aumentaban. Una y otra vez metió su dedo, no hizo falta hacer una mímica de poner líquido en sus dedos, allí donde estaba todo está lubricado y casi al borde del goteo.

El asunto había pasado súbitamente de un proceso curativo a una seducción furtiva. –Voy a ponerte más pero adentro, tú sabes, es por tu bien. Ella entendió el juego y asintió con un gemido y con las piernas cada vez más abiertas.

Él bajó su cierre, sacó su pene y sin hacer demasiado esfuerzo, la penetró. Sujeto el cabello de ella con firmeza y su otra mano la acercó a su boca. Ella le mordió los dedos. El inmenso morbo que le producía ver el traje de satén brillante de Blancanieves lo enloquecía. Ella con gustó se dejó dominar.

No habló más, resoplaba como un caballo en galope, ella gemía con pequeños gritos, solo se separó de ella para levantarla, cargarla, abrir sus piernas y penetrarla otra vez pero de pie, y así la llevó hasta su cama donde en un arranque de frenesí le sujetó las piernas por los tobillos, la abrió de par en par y arremetió con todo lo que dio su cuerpo vigoroso.

Ella mantuvo los ojos cerrados, entregada totalmente. Hasta que sintió un vació seguido por un hormigueo en su vagina y luego una oleada de placer que la hizo gemir con fuerza y luego quedar desvanecida. Reaccionó al verlo a él quedar también casi desmayado, con su miembro chorreando dentro de ella. No sintió cuando él terminó. Ella tampoco cayó en cuenta de lo que le sucedía. Quiso abrazarlo. Le extendió los brazos pero él se levantó y cayó junto a ella jadeando.

Necesitó tocarlo, cayó en cuenta que no se habían besado y se fue hacia él para hacerlo. Pero fue raro, ya no lo sintió en la cama. Abrió los ojos y ya no estaba, pero sentía su presencia. Tiró sus brazos nuevamente buscando ese abrazo, toco una masa suave y la apretó contra sí. Abrió los ojos, era una almohada.

Estaba confundida, le tomó casi un minuto caer en cuenta de que estaba en su cuarto. Ya era de noche. Y no se escuchaba nadie en la casa. Eran las 2:00 a.m.

Sudorosa, tocó su vestido, estaba arrugado. Pero la sensación que más la abrumó, era que estaba mojado.

Se rio de sí misma y volvió a dormirse.